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En el vídeo del PP estaban, de pronto, todas esas voces extrañas, con esas caras extrañas, intentando triunfar en el mercado catalán. He echado en falta una cazadora de cuero con flecos, algún pañuelo en la cabeza y unos rizos al viento...

 

He visto el vídeo de campaña del PP y se me han venido a la memoria los Milli Vanilli. Esos tíos que forraban las carpetas y los armarios de mis primas mayores. A mí, por entonces, recuerdo que también me hubiera gustado que mi cara forrara las carpetas de las chicas. Luego pasó que no eran ellos los que cantaban y me alegré como una hiena. Ellos sólo ponían los bailes y marcaban los pómulos para las fotos, para las carpetas, y pensé que eso sí hubiera podido hacerlo; claro que nunca he visto una hiena decorar la carpeta de ninguna chica. Después de descubrirse el engaño, los cantantes intentaron continuar bajo el nombre de The Real Milli  Vanilli, igual que los bailarines trataron de reivindicarse con su propio grupo y, esta vez sí, con sus propias voces. Ninguno de los dos proyectos tuvo el menor éxito. A los primeros les faltaba la guapura y a los segundos, perdónenme, la tesitura. Yo pensaba en la campaña electoral y me acordaba de aquel fraude. En el vídeo del PP estaban, de pronto, todas esas voces extrañas, con esas caras extrañas, intentando triunfar en el mercado catalán. No he visto ninguna cazadora de cuero con flecos, ningún pañuelo en la cabeza y ningún rizo al viento y al ritmo de Don’t Forget my Number, que creo que era la canción que sonaba en el anuncio. Yo veía a Hernando y a Rajoy diciendo aquello de: “Ba ba ba ba ba ba baby…” y echaba en falta la burla que me sacase de tanta realidad. Yo ya no quiero ver a ningún político en campaña nunca más. Si me van a enredar que lo hagan con todo, así que, a partir de ahora, que cuiden la estética, la presentación si quieren, al menos, que les mire. Ya puestos a decirnos lo que queremos oír, que se pongan a hacernos ver también lo que queremos, aunque luego nos digan que en realidad eran los Milli Vanilli, total, siempre lo hemos sabido y a nadie parece haberle importado nunca demasiado.