La polio, Burgos y el General Yagüe

Una familia obrera se encuentra con el represor de Badajoz durante uno de los últimos brotes de poliomelitis en España

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Hay un hilo que conecta, posiblemente sólo para mi familia, las nuevas detecciones de polio en Nueva York, Londres e Israel y el aniversario de los cruentos acontecimientos de la Guerra Civil en Badajoz que tuvieron lugar por estas mismas fechas del año 1936. O, más precisamente, hay una conexión en mi familia entre la polio y quien dirigió la terrible represión en Badajoz tras la toma de la ciudad por los golpistas del 18 de julio y de la que estos días se cumplen 86 años.

Una década después de que Juan Yagüe participara en la conspiración contra la República, el golpe de estado fracasado que desencadenó la guerra y de que se ganara el apelativo de «carnicero de Badajoz» aplicando la estrategia de aniquilación del adversario, civil o militar, que desarrollaban los rebeldes durante el conflicto, tras haber ocupado un ministerio de la dictadura y siendo ya Capitán General de la VI Región Militar, con sede en Burgos, se paseaba por una barriada de viviendas baratas construida en las afueras de esa ciudad. Era su obra, como lo fueron otras en la capital castellana: la Ciudad Deportiva o el principal hospital son otros ejemplos. Se decía en la ciudad que Franco lo quería entretenido con esas cosillas para que así se aplacaran sus deseos conspirativos contra él o que al menos tuviera menos tiempo para ellos.

Pese a que la eliminación del callejero franquista es algo que data en Burgos del cambio de siglo, cuando gobernó en el Ayuntamiento un cuatripartito formado por PSOE, Nueva Izquierda, Izquierda Unida y Tierra Comunera, el nombre de Juan Yagüe de la barriada sobrevivió casi veinte años más.

La familia de mi padre fue beneficiaria de una de esas viviendas baratas. Y Yagüe al parecer se paseó por esas pocas calles en que se repartían las casas cuando tuvo lugar una de las entregas de llaves. La casualidad hizo que los pasos de mi abuela se cruzaran con los del Capitán General. Y, además, intercambiaron también unas palabras. Yagüe quizás buscaba el agradecimiento de la señora a su magnanimidad. Seguramente lo obtuviera. Pero ella también desahogó su pesar porque su hijo (mi padre) mostraba problemas al andar. La felicidad por tener un nuevo techo se veía ensombrecida por la enfermedad aún sin diagnosticar del niño.

Esta casualidad y las gestiones que desencadenó llevaron a que mi padre pasara un tiempo (muy largo para un niño solo que recibiría muy pocas visitas) en un sanatorio al lado del mar en Plentzia. El edificio aún existe. Lo visitamos hace años.

Ese niño tenía la polio. Seguramente su caso se corresponde con uno de los últimos brotes que hubo en España antes de que se comenzara a aplicar la vacuna. En el sanatorio de Plentzia lo trataron. Mi padre recuerda a las monjas y sus tocados blancos enormes, como los de las películas. También se acuerda del rumor del oleaje. Tiene una vida laboral de más de 50 años. Y no en trabajos de oficina.

Quién sabe lo que hubiera sucedido con ese niño si una familia con pocos recursos no se hubiera encontrado con el Capitán General de Burgos. Esta pequeña experiencia nos muestra cómo la suerte es lo opuesto a la justicia. Y cómo es la arbitrariedad de un conocer al señor tal, de haber podido hablar con la persona cual… la que rige en los regímenes no democráticos y sin derechos universales reconocidos.

Quizás esta idea en la conciencia, o una apenas intuición sobre ello, es la que provocara que ese temprano y decisivo acontecimiento de la vida no le condicionara ideológicamente ni a él ni a nadie. Ninguno tenemos simpatías por la dictadura, sino más bien lo contrario. Y me parece que la única que le da una cierta importancia a esta pequeña anécdota soy yo. Posiblemente haya miembros de la familia que ni siquiera la conozcan.

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