Poner la música

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Por su sonido Cantoria podría ser un reino de Juego de Tronos. Ya le gustaría a Pablo Iglesias, el politólogo convertido en político, o el teórico que pasó a la práctica desmontando a la casta...

 

Por el nombre Cantoria podría ser un reino de Juego de Tronos. Ya le gustaría a Pablo Iglesias, el politólogo convertido en político, o el teórico que pasó a la práctica desmontando a la casta para después integrarse en ella y llevar consigo siempre su personal homenaje a Cataluña, que debió de ser bonito mientras duró. Cantoria, a pesar de sus tres mil habitantes o a propósito de ellos, ahora no es más que cocaína, prostíbulos y una esposa, Puri, una suerte de Hillary socialista de Almería que emerge en lugar de su Bill. Hay también un candidato del PP condenado a prisión, así que todo está en orden. En realidad todo está en Cantoria para reafirmar que España sigue siendo un conjunto de pueblos multiplicados y formados a su imagen y semejanza. Pablo identifica y enseña (hasta al Rey) el mundo a través de sus siete reinos (como Tolstoi impartió su propio sistema en Yasnaia Poliana), y uno a través de Cantoria. Hasta allí llega, por ejemplo, Snchz y sus monólogos. Se tiene la sensación de que Pedro se dedica a los monólogos. Siempre sale haciendo un monólogo, en un escenario de monólogo.  En Cantoria se ha producido un terremoto, otro más, de consecuencias tragicómicas que se extiende más allá de sus fronteras. Cantoria es sólo el epicentro de hoy con sus enredos, sus drogas, sus lupanares, sus políticos condenados e imputados y su Puri. Porque todos los pueblos tienen su Puri además de todo lo demás. El madrileño, en general, ha tenido a Aguirre y el catalán a Mas. La Puri Mayor de Andalucía es Susana, pero uno siente que nunca hubo en España una Puri mejor que Artur. La tierra se mueve y hasta Rajoy (la Puri Reina) se vuelve gracioso: “Confíen en mí, les irá bien”. Y quién iba a pensar que Montoro y Varufakis provenían de la misma madre. Son los gemelos que golpean dos veces: primero una amnistía y luego otra. Y mientras Pablo perdiéndoselo todo (o no queriendo verlo) en Invernalia o donde quiera que esté de donde ya no saldrá, convertido en político sin opciones de gobernar, que es cuando un político es sólo ficción. Rajoy a veces lo parece pero no lo es porque decide como decidió Zapatero, quien pese a lo que se intuía fue un presidente de novela. Uno escuchaba la radio esta mañana y oía todas esas cosas, y mientras lo hacía pensaba en que transmitir a través de las ondas se parece un poco a ejercer la política: cuando se necesita uno pone la música y se va un Rato, o un lo que sea, para luego tranquilamente volver.