Preguntas ante la pandemia (a mi madre)

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–Enamorada y enganchada al mar.

Cuando, sentada en la orilla, miro atentamente el horizonte, siempre mis ojos buscan encontrar una familia de delfines. Y, tristemente pude ver uno muriendo en la orilla en Motril. Qué terribles sentimientos agitaron mi cuerpo y mi mente en ese tiempo. Yo lo que más le toqué fueron sus ojos. Sé cómo duermen los delfines. Por eso se los acariciaba en sus momentos finales.

Pues en esta pandemia, no sé por qué, pero estoy durmiendo como los delfines. Un ojo abierto y el otro cerrado. Medio cerebro activo y el otro medio en descanso.

En esta pandemia estoy padeciendo el dolor de extraviar a muchas personas que creía que eran cercanas.

He pensado mucho en las amistades y familia nebulosas, grisáceas, y también en las ¿definitivamente? perdidas. He recordado con nitidez los porqués. Inquinas repentinas por algún asunto nimio y nunca hablado, pero también otras veces maduradas al compartir mesa de trabajo o alguna mesa como comensales obligatorios. Además de ingratitudes, decepciones, enfados.

En esta pandemia estoy viendo en el horizonte que paulatinamente están desapareciendo de mi cotidianidad amistades, que se diluyen sin motivo.

Estamos desperdigados.

También han desaparecido mis actividades preferidas, música y museos en vivo, cine y teatro.

Sin embargo, en la más absoluta tristeza de este tiempo me ha salvado, a mí misma me suena extraño, la música en youtube y las tertulias literarias de escritoras en facebook.

Escuché y vi mucho a Luis Pastor, su nuevo disco La paloma de Picasso. Abría una vez en semana su mundo de creación, a veces con su hijo, a veces con su mujer, Lourdes Guerra. Siempre era edificante y estimulante. Historias de las letras nuevas. Para mí, que lo conocí y seguí siendo estudiante, fue todo un empuje de vitalidad, de seguir viva y con vida. O las múltiples tertulias de Almudena Grandes con La madre de Frankenstein, ella en casa, claro, y los demás también. Aprendiendo a manejar al mismo tiempo esa ventana clara por donde entraba aire y luz. Muy emotivo y hermoso. Llena de positivismo, fuerza y ánimo cada primer sábado de mes a las 19, me abría su ventana Rosa Montero. De todas partes del mundo nos conectábamos para opinar y hablar de literatura. De estos ventanales abiertos han salido unos libros de cuentos bellísimos, pues estaban on line editores, ilustradores… También ella iba comunicando, con tiento y primor, cómo iba su última novela. Todos respirábamos tranquilos desde nuestro salón.

Así que no tengo la menor idea de cómo saldremos, aunque sí me temo que mucho más desperdigados de la gente cercana y extraviados de nuestros antiguos referentes.

El dónde saldremos será por estas ventanas que se abren en estos medios de comunicación actuales.

Las ventanas, para mí, son todas las posibilidades que ofrece facebook, whatsapp y las actividades on line para mayores de 60.


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