Próxima estación: Colombia

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Desde hace dos semanas sabemos que, gracias a los más de cien donantes que han colaborado con el proyecto, sale adelante nuestra investigación sobre las multinacionales españolas en América Latina. Ya estoy en plena ebullición, leyendo informes, buscando entrevistas. Hoy llega la noticia más esperada: ya tengo vuelo a Colombia, así que ya puedo ir articulando los detalles de mi itinerario. La aventura comienza en julio. Y las fechas escogidas me permitirán asistir al Juicio Ético y Político a las Transnacionales, que organizaciones sociales colombianas e internacionales han convocado los días 3, 4 y 5 de agosto en Bogotá.

 

El viernes pasado calentaba motores asistiendo a la jornada de debate La Paz en Colombia: Alternativas desde los Pueblos de Nuestra América, que se celebró en Buenos Aires, con participación de movimientos sociales argentinos y colombianos -como Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia, Colectivo Surconsciente y Pañuelos en Rebeldía-, para dar continuidad al Congreso de los Pueblos celebrado en Bogotá en el mes de abril. Nos contaban que fue aquella una ocasión histórica: con más de 20.000 personas acampadas durante la celebración del congreso, pertenecientes a muy diversos movimientos sociales.

 

La jornada del viernes en Buenos Aires dejó en evidencia la fortaleza que están ganando los movimientos sociales en Colombia. Este año se prevén dos momentos de intensa movilización: el juicio ético del que os hablaba, en agosto, y las jornadas convocadas en octubre para salir masivamente a las calles. ¿Por qué ahora? Porque el pueblo colombiano es muy consciente del importantísimo momento histórico que vive el país desde que, en septiembre del año pasado, se anunció el comienzo del diálogo para la paz entre la guerrilla y el Gobierno de Juan Manuel Santos. Y estas organizaciones saben que deben “presionar para que se adopte en estas negociaciones la perspectiva del pueblo, y no de la oligarquía”. Porque, recuerdan, paz no es simplemente ausencia de guerra, y en Colombia “no hay paz sin atacar las raíces del conflicto” que sufre el país desde hace seis décadas, esto es, el desigual reparto de la tierra y de la riqueza.

 

Así lo explica la declaración final del Congreso: “Para nosotros y nosotras, la paz tiene que ver con cambios estructurales (…) Un nuevo modelo económico que redistribuya los ingresos y la riqueza, que democratice los medios de producción y las fuentes de riqueza, cuyo principal objetivo no sea la acumulación de capital sino el bien-estar de la población. Un modelo que no agreda los territorios y los ecosistemas, sino que parta de su protección, el respeto a la naturaleza y la afirmación de la diversidad social, cultural y ambiental. En suma, una nueva concepción de la economía que desmonte el neoliberalismo, la dependencia, la privatización, la mercantilización, la financiarización, el despojo y el autoritarismo”. Un despojo, por cierto, que estas organizaciones vinculan al modelo económico extractivista que tiene a las multinacionales como primeras beneficiarias. Según este punto de vista, son las transnacionales, y no los pueblos, los que se lucran gracias a la enorme riqueza de los recursos naturales de Colombia, que, entre otras muchas cosas, es el cuarto productor de hidrocarburos del continente y el país con mayor biodiversidad del planeta. Ahí es nada.

 

Esa es la denuncia que nos encontramos con insistencia en el argumentario de muchas organizaciones colombianas y de otros muchos países. Esos son los puntos de conflicto que nos hemos propuesto investigar con Fronterad. Nuestro primer destino es Colombia, que, por ese momento histórico tan delicado que vive, se contempla además como una pieza clave para el futuro de todo el continente latinoamericano. Con el presupuesto que hasta ahora hemos recaudado, viajaremos también a Chile, además de investigar la situación en Argentina, país donde resido actualmente.

 

Y no sólo eso. Tenemos todavía un mes de campaña por delante en Goteo.org, y aspiramos a acercarnos a los 8.000 euros que hemos fijado como el presupuesto óptimo para nuestro proyecto. Si alcanzamos esa cantidad, podremos viajar a otros destinos que consideramos de vital importancia para la investigación, como Ecuador, Bolivia o México. Por eso, una vez más, te pedimos que nos ayudes a seguir difundiendo el proyecto. Y te animamos a que nos hagas llegar sugerencias y pistas que nos ayuden a orientar nuestra investigación.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.