Public Parts Vs Privacy

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 «Queremos ser conocidos por algo». «La fama es la última extensión de la identidad del ser humano». «Me gusta la atención porque soy humano». «Sólo siendo público podemos dejar nuestra huella en el mundo». Buen método para alcanzar la inmortalidad. Son algunas reflexiones del último libro de Jeff Jarvis, un personaje que no deja indiferente a quien le escucha o le sigue en los medios sociales por su provocación continua. De esas personalidades que, o bien fascinan por su peculiaridad y excentricidad o, más bien provocan todo lo contrario. Jarvis presenta una imagen histriónica y divertida, reconocido internacionalmente como uno de los grandes pensadores del digitalismo en Estados Unidos. Tiene un background profesional que lo avala, periodista, profesor universitario en la Facultad de Periodismo de la City University of New York, autor asiduo del blog BuzzMachine y presidente de Advance Internet. Posee un buen número de fans y, por tener tiene también seguidores detractores, pendientes de lo que afirma para tratar de desautorizarle, eso sí, con escaso éxito.

 

 

Su último libro: Public Parts. How sharing in the digital age improves the way we work and live. Con una portada amarilla y un icono similar al que se presenta en las puertas de los toilets de hombres. Pero este icono es tachado por dos teclas y dos palabras: Public-Parts, partes públicas. Creativo. ¿Hay algo más íntimo que un servicio de hombres o de mujeres? Oportuno también. ¿Qué están haciendo redes sociales como Facebook o Twitter? Dar voz a muchos que querían pronunciarse y que no tuvieron oportunidad antes. Cuando Facebook utiliza un apartado de «Noticias», cabe plantearse hasta qué punto está transformándose el concepto de noticia. Un hecho publicable, noticioso y de interés público. ¿Son los estados de ánimo hechos noticiosos? ¿Saber que tu compañera de trabajo tiene un perro que se llama Murphy, de color negro y de pedigree?

 

El cotilleo del barrio ya no está en la escalera del vecindario, sino en un tablón llamado Muro. Uno dará a conocer muchos datos, y en algunos casos, se les podrá escapar de las manos con fotos de parties. Se redefinen, de este modo, identidades, reputaciones y comunidades, señala Jarvis. Pocos, muy pocos, chivatos como Facebook que proporcionen tantísimos datos sobre quien forma parte de la red social y además, a gusto del consumidor. Y del mismo modo, un buen lugar de reunión, de conocimiento y de explosión periodística, sin duda una gran fuente de información.


«Facebook es mi ventana al mundo, me entero de todo lo que pasa», me comenta una amiga, añade además que es «amiga» de muchos medios de comunicación. Sí, y más allá de la información, de las partes públicas, Facebook también puede estar generando nuevos líderes de opinión, influencias basadas a partir de comentarios y publicaciones de noticias. Recordemos cuando tres investigadores de Comunicación Política en 1944, Lazarsfeld, Berelson y Gaudet, estudiaron el efecto de la «comunicación en dos pasos» en una obra titulada The People’s Choice. «Two-step flow of communications» está basado en la hipótesis de que las ideas fluyen de la radio y de la prensa a los líderes de opinión, y de ahí, a la opinión pública. Si nuestro tiempo estimado en Facebook sigue incrementándose, entonces, a la radio y a la prensa habría que añadir las influencias de nuestros contactos de amigos que forman parte de nuestras redes sociales y, espectacularmente, la influencia ejercida por algunos «Facebook Friends» que no son periodistas y, sin embargo, son fieles en publicar en los nuevos entornos comunicativos y captan el interés de muchos.

 

Leer en el New York Times, que cuando los niños están despiertos, si no están en la escuela, dedican su tiempo a estar conectados, que la media de tiempo de uso es de 7 horas y media delante de sus nuevos gadgets, resulta espantoso. Creepy. Si las estadísticas son certeras, los menores estarían entrenando su tiempo delante de los ordenadores del mismo modo que ya hacen muchos de sus progenitores, en su horario laboral, delante de una pantalla de ordenador. 7 horas y media equivale perfectamente al tiempo de una jornada laboral, pero en el caso de los menores, son horas destinadas al entretenimiento online. El investigador Rushkoff, autor de Screenagers, afirma que en cualquier sociedad en crisis, los niños serán los primeros en incorporar la peor de las amenazas dentro de las más básicas formas de juego.  

 

Bauman recuerda en 44 cartas desde el mundo líquido una noticia publicada en Chronicle of Higher Education sobre el caso de una adolescente que enviaba 3.000 mensajes de texto al mes. Esto significa que enviaba una media de cien mensajes diarios, es decir, uno cada diez minutos de vigilia, «por la mañana, a mediodía y por la noche, en días laborables y fines de semana, en las horas de clase, a la hora de comer, a la hora de hacer los deberes y a la hora de lavarse los dientes».

 

Dependencias, privacidad y gigantes penalizados como Google, que tienen que pagar multas por recolectar más información de la cuenta. En cualquier caso, tal vez sea hora de comenzar a replantearse muchos conceptos: Público, Privado, Noticia, Privacidad, Espacio Público, Líderes de Opinión… Hay que tener en cuenta las nuevas influencias, las nuevas ágoras virtuales y, por supuesto, que las redes sociales parecen adquirir un protagonismo cada vez mayor. El año pasado el Pew Research concluía que los norteamericanos pasaban más tiempo en las redes sociales que haciendo cualquier otra cosa online. Concebir la comunicación como todo el rastro que vamos perfilando en nuestras publicaciones digitales, teniendo en cuenta, que en la medida que más expuestos estamos, más juzgados podremos llegar a ser. Porque la tensión es continua entre lo «privado» y lo «público». De alguna manera, los denominados Social Media tal vez no sea más que un reflejo del comportamiento de los seres humanos en general, eso sí trasladado a la pantalla del ordenador, del móvil o de una tableta electrónica.

 

Reproduzco para finalizar una reflexión del autor de Public Parts: «The Internet is life, only bigger & faster. The lessons you learned as a child and those you teach your children about how to treat others all still apply. The net is still just a place filled with people«. «Internet es vida, sólo más grande y más rápida. Las lecciones, que aprendiste cuando fuiste niño serán las lecciones que enseñarás a tus hijos sobre cómo tratar a otros, se mantienen vigentes. La red no es más que un sitio repleto de gente».

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.