Publicar o no publicar

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En los últimos días la revista British Medical Journal (BMJ) ha publicado un editorial y un estudio que coinciden en abordar el espinoso asunto de la financiación de las investigaciones  médicas y los intereses que hay detrás, que en ocasiones pueden llevar incluso a impedir que se hagan públicas si los resultados son desfavorables.

 

 

En los últimos días la revista British Medical Journal (BMJ) ha publicado un editorial y un estudio que coinciden en abordar el espinoso asunto de la financiación de las investigaciones  médicas y los intereses que hay detrás, que en ocasiones pueden llevar incluso a impedir que se hagan públicas si los resultados son desfavorables.

 

Con la aparición del editorial del pasado 15 de octubre BMJ dio a conocer que  partir de ahora no publicará estudios financiados por la industria del tabaco, la cual “ha utilizado la investigación para fomentar deliberadamente la ignorancia” a lo que han contribuido involuntariamente las propias revistas científicas. Por ello, los editores de BMJ han decidido cambiar su criterio para impedir que sus publicaciones sean utilizadas por “una industria que continúa perpetuando la epidemia más letal de nuestro tiempo”.

 

Sin embargo, algunos investigadores consideran más eficaz apostar por reforzar la regulación para que, por ejemplo, se obligue a publicar todos los estudios, incluso aquellos que perjudican a la empresa (tabaquera, farmacéutica, médica, etc.) que los ha financiado porque ofrecen unos resultados negativos.

 

Precisamente este tema es el que aborda un estudio de la misma revista, según el cual de un total de 585 ensayos clínicos analizados, un 29 por ciento no fueron publicados, pese a que en ellos participaron casi 300.000 pacientes. Además, un 78 por ciento de las investigaciones que no se publicaron tampoco se registraron en la web Clinicaltrials.gov, la base de datos de ensayos clínicos de la Biblioteca Nacional de Medicina (NLM) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, pese a que la ley les obliga a ello.  Pero hay un dato todavía más preocupante: es más frecuente que los estudios que no se publiquen sean aquellos financiados por la industria (un 32 por ciento).

 

Ese enorme volumen de valiosa información no se puede mantener en la oscuridad. Es necesario que tanto los científicos y médicos como el resto de ciudadanos tengan acceso a ella para que entre todos contribuyamos al avance de la medicina, sea como divulgadores (los periodistas a través de los medios), como investigadores o como pacientes que participan en los ensayos. La labor de estos tres pilares es imprescindible, pero sin información ninguno de ellos puede llevar a cabo su tarea.

 

Para garantizar la veracidad y credibilidad de los ensayos es esencial que se clarifique al máximo la financiación que hay detrás de cada investigación. Evidentemente siempre va a haber intereses de empresas u organismos, pero si el lector los conoce podrá otorgar a cada estudio la fiabilidad que considere en función de esos datos. Informar sobre quién sufraga el estudio no es solo una labor de las revistas científicas, los medios generalistas que se hacen eco de esas investigaciones deberían también reflejarlo para que el público tenga toda la información.