Pueblos de piedra

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Ahorremos el término medio para un futuro próximo, hablemos claro con lenguas de fuego, imperio nuestro y de más nadie: A gritos se dan leyes tan severas, sin puntos ni comas, una palabra por ley, un nombre interminable que lo dice todo, plenamente significativo como un caserío de orden gigante que nunca se derrumba, que siempre es útil, lleno de aparecidos. El aire libre sopla contra pueblos de piedra y un frío de bodega conserva la tradición de viejos dichos, dichos de burro a persona. En torno a tal conversación, cuando crece ya el calor madurador de los huertos, unas cosas llevan a otras y al fin truenan los ánimos de un diluvio huracanado que arranca el pan de raíz y lo pone en otros carros y molinos, lugares de aventura sobrenatural donde la mano de Dios pierde los nervios, donde no hay mesa buena para tamaña cena, ni problema en que emplear tanta solución.