¿Qué hacer? Soñar, una fuente de motivación para no pisar el freno

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‘Hoy, antes del alba, subí a la colina, miré los cielos apretados de luminarias y le dije a mi espíritu: cuando conozcamos todos esos mundos y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen, ¿estaremos satisfechos y tranquilos? Y mi espíritu dijo: no, ganaremos todas esas alturas sólo para seguir adelante’. Walt Whitman

 

¿Qué hacer cuando una veleta dislocada a la que muchos le conceden el nombre propio de ‘economía’ ha perdido el Norte, se enfoca hacia el Sur mientras deriva al mismo tiempo entre el Este y el Oeste por la velocidad que alcanza? Un giro inconsciente indica un ‘no’ en el aire. ¿Qué hacer para protegerse de los vientos huracanados que acechan sin Norte, centrípetos, y que nos hacen perder el equilibrio? Desorientados, seremos muchos los que busquemos un Norte donde asirnos, especialmente cuando ese Norte está difuminado en el horizonte.

 

¿Pero cómo hacerlo si son tiempos convulsos, virulentos, con un eslógan agresivo de un ‘sálvese quién pueda’? ¿Cómo conseguirlo cuando todo en la vida es cambio y nada más que cambio? ¿Cómo cuando todo es incierto porque nunca hubo un mañana certero? ¿Cómo cuando nada es seguro si todos conocemos nuestro destino final? ¿Cómo cuando la señal es la de un símbolo prohibido frente a un callejón oscuro sin salida? Es la noche oscura, nos advierte un místico, San Juan de la Cruz.

 

¿Cómo entonces protegerte del viento, querido lector? Son presiones externas, no lo olvides. No eres tú si no permites que te inclinen. Serán verdades contrapuestas, la de muchos contra muchos otros, basadas en el imperio de una ‘opiniología’, pero no la tuya, la auténtica, la que te grita el corazón, la que nace de tu interior. Sí, por desgracia, escucharás muchos ‘noes’ por doquier, a algunos disfrutan con esa palabra, especialmente aquellos que no se atreven a llevar una vida satisfactoria. No se dieron cuenta de que la vida está plagada de obstáculos, para ti y para todos, obstáculos que son pruebas del camino. Son inevitables porque forman parte de las reglas del juego. Nada más. Entre ellos está el de las palabras enclaustradas en la negatividad, que desgastada hasta la burla son poseedoras de un vocabulario burdo. Son corazones sin sangre, laten pero a un ritmo descompasado porque el miedo les robó el sueño.

 

‘No lo hagas, no lo intentes porque no lo vas a conseguir. Es una auténtica locura’, escucharás cientos de veces. Mensajes infundidos en la ‘no-acción’, de aquellos cobardes que no supieron luchar a tiempo, de quienes no terminaron en confiar en que sí podrían llegar a una cima. Les faltó coraje. Les faltó la ilusión suficiente. Entusiasmo. A toda esta retahíla de ‘noes’ se le sumará los cientos de mensajes negativos transmitidos continuamente mediante los medios de comunicación, medios que no siempre tendrán la razón. Muchos se pasarán la vida contradiciéndose unos a otros, según el signo, al igual que aquellos matrimonios que nunca parecen ponerse de acuerdo. Así que, ¿qué hacer?

 

Nos pregona el mismo Will Smith en un vídeo, aquel que fue Príncipe de Bel Air perdido en Independence Day, ‘protege tu sueño como si la vida te fuera en ello’. La ilusión es el motor. ¿Cuál era la frase de Segismundo en ‘La Vida es Sueño’? ‘Y los sueños, sueños son…’. Aristóteles lo sabía bien, la pasión es la que nos mueve. Nos motiva. No conviene perderla, habrá que agarrarla con fuerza. Sin ella, la vida es vacua, vacía de contenido, frívola, cínica, una mentira. La luz reside en nuestra fuerza interior y no podremos apagarla si trabajamos duro cada día en mantenerla encendida. Es un trabajo constante que requiere de un entrenamiento diario. Jamás bajar la guardia porque está en juego nuestra felicidad.

 

‘Lo importante es lo de dentro’, dice un cantautor, Paco Bello. Quedarse sin luz es entonces sinónimo de ser grises, incoloros, aburridos. Corazones sin sangre. Estar muerto en vida es seguir la inercia de los días sin sonrisas.

 

En consecuencia, deberíamos apelar a una psicología positiva, llena de vida, de alegría, de entusiasmo, de pasión, un pensamiento positivo por las mañanas y otro antes de dormirnos porque la vida es demasiado corta. El vocabulario ha de ser crucial, en Estados Unidos, el país de los eufemismos, lo tienen implantado como un mantra. God bless America! Great, good, excellent. Lo escuché cientos de veces en Austin, una ciudad creativa llena de energía positiva. El ‘yes, we can‘ obamaniano comienza con una idea implantada en el cerebro y un único destinatario, nuestro corazón. Sí, con un único objetivo, reavivar el alma. Del pensamiento a la acción y de la acción al hábito, aconsejan los sabios. ¿Por qué no pecar de soñadores? Ilusos seguiremos siendo para una gran mayoría que seguiran con sus rutinarias vidas sin sonrisas.

 

Soñar, una fuente de motivación para no pisar el freno. Soñar y actuar en consecuencia. Pisar el terreno de los sueños es luchar sin tregua, día y noche muchas veces. Es llegar a sentir taquicardías. Es la adrenalina de un ‘tengo que intentarlo una vez más’. Caminar porque no queda otra, es el remedio. Arriesgar a parecer un loco entre un mundo de cuerdos. Al final uno termina acostumbrándose. Ir contracorriente no es fácil. Es la rebeldía bien entendida, desde el prisma de un sano egoísmo ético, desde la valentía de elegir por uno mismo y de tener la capacidad de afrontar nuestros propios errores. No temer al que dirán y continuar con lo que realmente anhelamos, deseamos y ansiamos. Sí, como si la vida te fuera en ello, porque efectivamente es lo único que tienes. Una y nada más. 

 

El que busca, encuentra, y otras muchas veces, sin necesidad de buscar, encontrarás, así sin más. La vida te lo dará todo y, después, también se lo llevará todo. Es implacable. Por tanto, ¿por qué no cambiar el chip? A mi vuelta de Estados Unidos, escribía una carta a España titulada ‘Extrañamiento con E de España’. Tal vez para cambiar el chip haya que darle una vuelta de tuerca, ‘España con E de Esperanza’. Todo es posible en todo momento, estando en el andén, preparados para coger el próximo tren porque pasará y no sólo uno. Hay tantos destinos como ilusiones.

 

Arriesga. Asume responsabilidades improvisadas sobre la marcha. Planifica a sabiendas de que el destino es caprichoso, de que no siempre salen las cosas como uno espera. Adéntrate en la aventura de lo desconocido una y otra vez, de aquello que aún está por llegar aunque a veces se desvanezca porque decides compartirlo con otros. Muchos serán los que se reirán de ti. No importa sentirte incomprendido. Creer lo imposible tiene ciertos inconvenientes, no ser entendido por muchos. Optar por el camino difícil en lugar de por lo cómodo sólo fue elección de unos cuantos locos. Viaja al exterior para viajar al interior, y en ese interior, que nadie sea capaz de robarte el sueño. Protégelo, la vida te va en ello.

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.