Que la fuerza esté contigo. Somos su única esperanza

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Hace unos días NASA publicaba unas fotos de las nubes de Jupiter que se hicieron virales. A mí lo que me pasó con esas fotos fue lo mismo que me pasó cuando de pequeña en el colegio me pusieron Vivaldi y me dieron una hoja y lápices de colores para que dibujara lo que me evocaba esa música: cualquier cosa menos la primavera, cualquier cosa menos La noche estrellada. Lo que yo veía era mi propia imaginación jugando con los colores y las luces. Pero de eso trata todo esto, de la imaginación.

El mundo de la fantasía y la ciencia ficción es uno de los grandes espacios en los que el ser humano puede experimentar uno de sus conceptos más bellos y deseados: el concepto de infinito.

Pero infinito de verdad, del que puede ser más grande o más pequeño comparado con otros infinitos; del que puede tener una forma y a la vez no tener límite.

Si alguien quiere averiguar cómo generar un lugar seguro, abierto, cálido, sólido y pasional parar todo aquel que no encuentra acogida en ningún otro, who you gonna call?, que pregunte a la comunidad friki. Cada Hermione, cada Bastian, cada Mei del mundo ha logrado sobrevivir a la tristeza, el rechazo, la soledad, el abandono o la desesperación de sentirse diferente a base de construirse un asidero con todo lo que no es cotidiano.

Son las personas que dibujan dragones en las esquinas de los exámenes (en un agujero en el suelo vivía un Hobbit…), las que aprenden métodos de autodefensa efectivos con sables laser o las que pasamos horas de nuestra adolescencia aprendiendo a hablar quenya. Las personas que nunca se sorprenden de que todo lo que está vivo de verdad significa cambio constante y las que siempre ven una luz en cualquier actividad que vaya a llevar a una nueva esperanza. Rodéate de esas personas y verás que tienen una gran intuición para seguir esa estela.

Formamos un universo en el que la realidad obedece los límites de lo posible pero lo posible está constantemente puesto en cuestionamiento.

Los debates internos en este mundo son épicos y eso es porque llevamos muchos años aprendiendo que una creación tiene consensos, que un mundo nuevo habitable es un conjunto de reglas que son precisamente las que hacen de ese mundo algo ilimitado. Lo que nos funciona son las creaciones en las que lo que se presenta como concreto puede ensancharse indefinidamente sin perder su esencia; las creaciones en las que se puede profundizar con libertad, aportar tu granito de arena y continuar aún así en el marco conceptual en el que han sido inventadas.

Y es por eso que es un grupo cambiante que, por mucho que lo pareza, nunca sucumbirá ante el mainstream. Porque lo normal aquí es que puedas ser y estar en cualquier forma, figura, edad, género, que te sientas identificado. Porque cada persona en cualquiera de sus especificidades tiene un sitio en cada historia que se da por válida. Y eso no tiene cabida en ningún circuito que genere el capitalismo.

Sobre todo porque, si algo no nos gusta, surge el nerd-empoderamiento de las historias: Cosplay, novelas, fandom, juegos de rol, comicons… De ahí nacen híbridos, ciborgs, caricaturas, crossover… Hace muchos años que en los universos alternativos que creamos, los superéroes son LGTB, las mujeres tienen su propio poder y la inclusividad es una norma. Alteridades a lo que se nos ha querido imponer que han sido la raíz, que ha hecho posible, junto con los demás activismos, por ejemplo, la existencia en Marvel de Mighty Rebekah o el Mockingbird de Chelsea Cain; o que la saga de Star Wars termine con una última película en la que, áun con todos sus fallos, (SPOILER ALERT) la Jedi que devuelve el equilibrio a la fuerza sea una mujer bisexual entrenada por otra mujer que destruye su propio linaje de sangre y hace de su grupo anárquico de amigos su verdadera familia. (FIN DEL SPOILER)

Y volverán a salir nuevas historias de elfos y de brujas y volveremos a jugar y a aprendernos nombre nuevos; porque el mundo, la sociedad y la ciencia siempre necesitará que alguien intente llevarlo todo más allá y hacer las cosas de manera diferente.

 

 

¿Qué haremos sin ti? ¿Hacia dónde miraremos?…

Hacia las estrellas Owen, hacia las estrellas 

 

Desde la licenciatura de Filosofía y el Máster en Lógica y Filosofía de la Ciencia, escribe e investiga sobre la ciencia, la ficción, el lenguaje y sus consecuencias. Escribe, da clases, edita libros, juega con el piano, el violín y la armónica y toma todos los días té con una onza de chocolate. Navegante del océano de la divulgación científica desde lo que nos atraviesa como personas. -Nací como de la obsesión por el infinito y mi sueño es tocarlo desde todos los puntos posibles-

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