Después de atravesar el bosque de cemento,
los pasos indecisos en la acera,
la grava, agujereada por los sueños .
Después de llenarte los bolsillos de palabras,
cuando sales al mundo de los otros.
¿Qué lugar es una escuela?
Como espacio: la escuela quiere ser un lugar luminoso, de paredes claras, con ventanas a la luz, ventanas por las que se pueda mirar el mundo; un lugar amplio, con espacios abiertos que se comuniquen entre sí aboliendo las fronteras; estantes al alcance de la mano, llenos de todo lo que se acarrea desde la vida de afuera; y piedras, y fósiles, y hojas de los verdes recogidos de los bosques; y libros, muchos libros para explicar el mundo y la vida. Y afuera, árboles que cobijen y den sombra, muchas clases de flores y arbustos para formar un alfabeto vegetal, y un huerto; y agua que corra por los parterres, agua para mojarse las manos y los pies, y entender que hay elementos que fluyen y son ilimitados, como los números. Bancos para que se sienten las emociones y los vocabularios y ramas donde aniden las palabras y los pájaros.
Mesas largas, para que quepamos todos apoyando nuestros brazos; y alfombras grandes y pequeñas para que sea el cuerpo el que también aprenda a compartir tiempos y espacios, y a acompasar el pensamiento. Mesas redondas, donde poder tocar la vida que nos llega y poder tocarnos también en el ritual de la compañía. Sin tarima, para que la altura sea la misma y los ojos alcancen a mirarse. Los espacios nos igualan ante el mundo.
Como lugar: una casa. La escuela debe ser un refugio. Un lugar donde estar a salvo. Una posada que cobije al caminante. Un espacio de acogida donde cuidar el alma propia y la ajena. Un lugar donde pueda llegarse con la duda, y se ofrezca a las mentes el consuelo de la búsqueda, y el derecho a no perder esa duda propia que es el inicio del conocimiento. Donde la sabiduría no esté solo en la boca de los otros, y sea una fruta al alcance de todas las personas que allí habitan. Un espacio que posibilite acompañar los procesos y de ese modo compartir los resultados.
Un lugar donde los pasos van al encuentro de otros pasos y las manos se reciben con anhelo, donde cada individualidad es respetada, y contemplada como un aspecto más de lo diverso; y desde esa diversidad pueda aprenderse. Un territorio al que se entre sin el obstáculo del miedo, con la sola pertenencia de lo que se es, y se tiene, y lo que se pueda aportar a los otros; y en el que aquello que somos, sea respetado desde la aceptación y la posibilidad del cambio. Una casa en la que tengan cabida los sentimientos y las emociones, porque forman parte de nosotros mismos y son al mismo tiempo una capa que nos protege y una carta abierta para comunicar a los demás aquello que somos y nos está pasando.
Como comunidad: que nos reciba el ritual del círculo, la asamblea en la que todas las palabras sean bienvenidas después de levantar la mano para el turno. Los espacios circulares nos igualan y nos abrazan. Que el proceso de conocimiento sea un proceso compartido; el acompañamiento frente al desamparo de la soledad. Compartir los saberes, no acapararlos; extenderlos en un espacio horizontal que respete a cada cual su ritmo en el proceso de aprendizaje. Construir conocimiento juntos es crecer como personas, y en ese crecimiento debe estar el objetivo de la escuela.
Aprender a ponerte en el lugar de los demás y respetar sus decisiones, porque quizá sean las primeras que se toman fuera del ámbito de la familia. Que la familia tenga un lugar en ese mapa de afectos y conocimiento, que entre y acompañe.
Un deseo puede ser también un objetivo: ser personas libres, capaces de caminar junto a los demás, respetando sus pasos, construyendo un futuro común.
La curiosidad como parte del proceso de descubrimiento, y la llegada al descubrimiento que sea por el camino de la experiencia. La confianza como compañera de camino; si no hay confianza, si quienes enseñan no confían en quienes aprenden y al revés, el proceso estará contaminado. Que el proceso esté hecho de retos, cada reto un paso, cada paso un logro y un objetivo cumplido. Que no haya final, que cada final sea un paso del camino.
La alegría como estado de ánimo del que confía y cree que desde la duda va a llegar a la certeza. La alegría de tener un lugar donde sentirse seguras y ser reconocidas.
Este lugar escuela para personas pequeñas y para personas grandes, debe ser además de un lugar para la comprensión, un lugar para la expresión. El arte como vehículo para abordar el mundo y para desbordarlo también.
Un lugar donde crecer.
Un lugar donde hacernos personas.
Un lugar donde no caben los suicidios.






