¿Qué me pasa, IDoctor?

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Cada vez más las nuevas tecnologías facilitan el trabajo de los profesionales médicos y resuelven dudas de los pacientes con mayor celeridad. Por ejemplo, actualmente existen más de 40.000 aplicaciones móviles (apps) de salud y se calcula que en 2015 unos 500 millones de usuarios tendrán instaladas apps sanitarias en sus teléfonos. El rápido crecimiento de este sector responde también al interés que despierta tanto en los pacientes como en las empresas que los desarrollan, ya que se estima que en los próximos cuatro años este mercado moverá en todo el mundo cerca de 20 millones de euros.

 

Existen aplicaciones que miden la tensión o la glucosa, controlan el ritmo cardíaco, realizan test de todo tipo (oftalmológicos, de peso), ayudan a dejar el tabaco o incluso son capaces de hacer un electrocardiograma. Pero ¿dónde está el límite? Según un estudio publicado en JAMA Dermatology, las aplicaciones para detectar un melanoma a través de una foto de un lunar sospechoso ofrecen una variabilidad inmensa en cuanto a su sensibilidad, especificidad y en algunos casos pueden dar falsos positivos o negativos.

 

Evidentemente, ninguna de estas aplicaciones puede sustituir nunca a un médico, sino servir como complemento y como fuente de información, pero ante la inmensa oferta de apps de todo tipo, debe ser el profesional el que guíe al paciente en esta jungla hacia los servicios que tengan una calidad y rigor demostrados. Por ejemplo, pueden ser muy útiles para los pacientes con enfermedades crónicas, que requieran un seguimiento constante y mantener controladas una serie de variables, aunque siempre tiene ser el médico el que interprete todos estos datos y garantice que los sistemas usados para realizar las mediciones sean seguros y fiables. Asimismo, los smartphones pueden también contribuir a facilitar la relación médico-paciente, al mantenerse en contacto y poder enviarse mensajes en ambas direcciones. De nuevo, esta interacción virtual no puede tampoco reemplazar la consulta física en el centro de salud.

 

Además del respaldo del profesional médico, es preciso que haya una regulación que controle la dispersión de todo este amplio abanico de apps sanitarias, fundamentalmente a nivel internacional porque las fronteras desaparecen cuando se trata de las nuevas tecnologías, aunque son de agradecer mientras tanto iniciativas locales como la Estrategia de Calidad y Seguridad de Aplicaciones Móviles de Salud, de la Junta de Andalucía, que ayudan a “separar el grano de la paja”.