Que pague la banca

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Hay días que un solo periódico es una antología del disparate; un manual para la indignación. Leo en la portada de El País que, como la austeridad histórica de los Presupuestos que el Ejecutivo español ha preparado para 2012 no bastan para saciar las imposiciones de austeridad que dicta Bruselas, pretenden ingresar unos dinerillos extra concediendo una amnistía fiscal. Es decir: la posibilidad de blanquear dinero previo pago del 10% -muy lejos de la tasa tributaria que habrían tenido que pagar, que podría rondar el 50%-, y con el regalo adicional del compromiso de confidencialidad. Te absuelvo de tus delitos, no le cuento nada a nadie  y aquí no ha pasado nada. Unas páginas después me encuentro que “las empresaspodrán repatriar sus fondos de paraísos fiscales tributando al 8%”, en lugar del 35% adicional. Otra amnistía fiscal, con la pequeña o gran diferencia –lo dejo a criterio del lector- de que en este caso esa evasión es legal (¿?!!). Al fin y al cabo, hace tiempo que la OCDE dejó de luchar contra los paraísos fiscales para “incentivar la voluntaria tributación”. Tanto cinismo, y ancha es Castilla.

 

Es ya el colmo en estos tiempos de tijerazo que, como siempre, pagarán las clases medias y bajas. El dogma de que “salvar la economía del país” significa cumplir con el déficit olvida que, como decía Einstein, sólo los estúpidos intentan las mismas cosas esperando resultados diferentes. Basta mirar a Grecia para comprobar que la retracción del gasto en tiempos de recesión económica sólo agrava las cosas, y ello es tan evidente que sólo intereses espurios explican el empecinamiento de la Merkel y compañía.
Y además, ¿recortes y reformas para quién? Unas páginas después, en el mismo diario, leo que “loscinco directivos mejor pagados en España ganan 62,7 millones de euros en2011”. Se trata de directivos de Inditex, Banco Santander, Telefónica, Repsol e Iberdrola. Se ve que, en este caso, las empresas no ven oportuno recortar nada. Tampoco al vicepresidente del Santander, Alfredo Sáenz, que, nos convendría no olvidarlo, fue indultado por el Gobierno socialista en funciones el pasado noviembre. Condenado en firme por acusación falsa y denuncia falsa, el indulto le libró de la inhabilitación, que le hubiera retirado del cargo con el que se embolsó el año pasado 12,7 millones de euros, incluyendo un 1,1 millones de aumento de su pensión (¡!!).

 

La Asociación Española de Banca (AEB) defendió el indulto argumentando que el banquero “es la persona que más ha contribuido a la estabilidad y progreso del sistema financiero español en los últimos 25 años» (¿??!!). Y, mientras este señor recibe sólo como aumento de su pensión más dinero del que yo y todos mis conocidos juntos veremos en toda una vida de trabajo, el Banco Santander, como toda la banca española, vuelve a estar en el punto de mira por los problemas de liquidez, o sea, por los enormes agujeros a los que les llevó la codicia de la burbuja inmobiliaria. Así que, para evitar esa debacle con la que nos amenazan todos los días, alimentando ese miedo que garantiza la parálisis de una población indignada, el Banco Central Europeo seguirá inyectándole fondos a la banca española, incluido  el Santander, que le paga a este delincuente condenado por la justicia española 12,7 millones en un año, y que sigue pagando dividendos a sus accionistas: 0,60 euros por acción por cuatro años consecutivos, aunque sus beneficios han caído un 38%. (¡¡!!!!) Aún se permitía ayer el presidente del banco, Emilio Botín, sostener que «es esencial que en la Unión Europea se acaben de tomar las últimas medidas, aún pendientes, para un restablecimiento definitivo de la confianza».

 

Así que recortes de tiempos de guerra para los ciudadanos, reforma laboral antisocial para los trabajadores, pero ningún recorte al bolsillo de los banqueros, y ninguna reforma solvente para regular de una vez por todas esos Mercados que nos han llevado al desastre.
Como decía una pancarta indignada: “Tu Botín es nuestra ruina”. Por cierto que el señor banquero tiene una causa abierta por las cuentas opacas de su familia en la filial suiza del HSBC. No le debe de quitar el sueño: después de todo, si llegaran a condenarle, siempre le quedará el indulto.

 

O como recordaba Juan José Millás ayer: “Entonces llega Miguel Martín, que es el presidente de la patronal bancaria, y proclama que la huelga general nos acerca más a Grecia que a Alemania. Pues no, lo que nos acerca a Grecia, o a lo que usted ha pretendido metaforizar al citarla, son las prácticas financieras llevadas a cabo por los chiringuitos que usted preside. Antes de abrir la boca, debería usted haber considerado que el ciudadano es consciente del dinero público que les estamos inyectando para salvar su salario de usted, su culo de usted, su sillón de usted, sus retribuciones especiales de usted, su automóvil con chófer de usted y su jubilación multimillonaria de usted, entre otras bagatelas de usted”.

 

Y una vez más, me digo, ¿hasta cuándo? Pues hasta que de verdad nos cansemos y entendamos que ha llegado la hora de mojarse, vencer ese miedo paralizante y exigir que dejen de estafarnos. Que la banca pague la crisis que ha provocado.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.