Quedarse con las ganas

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Envidia

 

   «¡Casi!», «¡Por qué poco!» o «He estado a puntito» se han convertido en muletillas que sostienen mi certeza: algún día me haré con un premio. No es la avaricia lo que me mueve, sino la virtud. Quiero dejar de envidiar a grande a los que más tienen.

 

   De momento, he ganado en ganas y en quedarme con ellas —por ello me envidian otros que con admiración dicen: «Se le ve que es un tipo con ganas»—.

 

   Saber y ganar. Qué gran consejo: si sabes lo que quieres, ganas tiempo. Ese es precisamente mi gran problema, que por lo visto comparto con millones de españoles, sé que quiero más tiempo de ocio. Pero formulé mal el deseo y ahora formo parte de un ERE que ERE de esos en los que se empeñan los jefazos. 

 

   Tendré que volver a los concursos de acreedores y a confiar en que ‘el Gordo’, ‘el Niño’, ‘Los ciegos’ o ‘La Primitiva’ acudan al rescate (para eso son los superhéroes españoles).

 

 

Si tuviera un título noveliario sería de suspense o de humor y si pudiera viejar me gustaría llegar a los 90 con buena salud. Mi madre siempre me regañaba por ser un optimista, no por ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino por creer que podía beber directamente de la botella. También desde pequeño empecé a desarrollar el gusto por la música, ya que carezco de oído y tacto para tocar cualquier instrumento. Me confieso disléxico habitual, de los que van al cine a leer y devora los bocadillos de los cómics. Así que, bienavenidos a este viaje en blogo porque la realidad que nos rodea es diferente según el cristal con el que se mira, pero quizá, haciendo la vista gorda, podamos verla sin cristal. Por tanto, lo que nos queda es tomarnos la vida con mucho rumor, que la certeza absoluta nunca la vamos a tener e, iluminados por la lámpara del genio, veamos las coincidencias y las coinfusiones cotidianas. Que ustedes lo pacen bien.