Quiosco multiusos

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En la Calle de los Clérigos, en Lugo, casi todos los locales están en venta. La crisis también puede con lo místico. A la vuelta, un cartel de la COPE preside un edificio de viviendas con el bajo en obras y junto a una peluquería que se traspasa. Pienso que es una potente imagen del lugar que ocupa hoy el periodismo. Desde allí, a lo lejos, se divisa la Catedral.

 

Un poco más allá se encuentra la Plaza Mayor, donde aún quedan en pie elementos que desaparecen poco a poco de las calles de Madrid: una fuente, cabinas telefónicas y un baño público. Para ir al baño no hay que bajar unas escaleras, como ocurre en Cuenca. Ni hay que pagar como en Madrid. Basta pedirle al quiosquero que abra la puerta.

 

 

Imagino que baños y quioscos en Lugo son la misma cosa por decisión del Ayuntamiento, pero no puedo evitar pensar que ya no sabemos qué hacer para que la gente se acerque a los puntos de venta de los periódicos. El siguiente paso debería ser retirar el papel higiénico. Quizá así alguno se animaría a comprar el periódico.

 

Esa es una función que nunca podrá cumplir el iPad.

 

Paso estas líneas al ordenador hoy, después de leer en ‘El País‘ a Juan Cruz en la muerte de Chavela Vargas y a Alfredo Pérez Rubalcaba tras la gesta de Usain Bolt. Azrael y el político de los cien metros en diez segundos. Pero la culpa de la crisis del papel la tiene internet.

 

«Internet no tiene la culpa de nada. Al contrario. Es una herramienta que da oportunidad a mucha gente de poder comunicar. Pero hay periodistas que han elevado internet a una categoría casi divina», opina Marco Avilés, un periodista peruano que publica con Libros del KO ‘Día de visita‘, en el que penetra en las historias de las reclusas de una cárcel para mujeres en Lima.

 

La editorial, que publica libros de crónicas y reportajes, organizó un chat entre Marco Avilés y varios colegas de profesión. Debatieron de la falta de tiempo para hacer ‘artículos de largo aliento’ y cómo los medios convencionales dejan de lado este género.

 

 

Toño Angulo citó a Stephen King, que a la pregunta de cómo escribe responde: «Palabra por palabra». El periodismo de periódicos, añadió, sale frase por frase o párrafo por párrafo. Me gustó su reflexión. Las noticias en el mundo web difícilmente salen de los teletipos y en papel uno no termina de encontrar textos extraordinarios. Los buenos son excepcionales, por poco habituales, y cuando son excepcionales quienes lamentan que no se publican no los leen.

 

Juan Pablo Meneses piensa que sí es posible hacer crónicas de un día para otro, «que es lo que hacen los diarios». Los cronistas creen que deben de estar cuatro meses trabajando en una historia, bromeaba en la charla, y un diario no les puede esperar tanto tiempo. «Debemos conseguir que los cronistas metan los pies en la actualidad y hagan crónicas del día». Es lo que se hace en México, donde la violencia narco «se está contando a través de historias». Cuando el número de muertos deja de ser noticia se necesita ir más allá. Aunque eso ocurre no solo porque los medios sean amantes del periodismo narrativo, comentó Meneses. «La violencia del narco vende».

 

Espacio para las crónicas hay, si no en el periódico diario sí en los dominicales. Aunque tal vez haya que plantearse si los cronistas están acertando a la hora de elegir los temas, como indicó Emilio Sánchez Mediavilla. Y Marco Avilés señaló al editor como figura clave para seducir a un público «que los medios grandes no está aprovechando». Ese periodista con olfato capaz de ver dónde hay una buena historia y llevar al cronista por el buen camino sigue siendo necesario, aun en tiempos donde cualquiera puede publicar, por mucho que Héctor Juanatey piense que sea un problema que alguien tenga que decir que sí.

 

Esa es la forma de evitar la ausencia de filtros en las ediciones digitales de los medios informativos. Es la forma de evitar esa confusión mencionada por Marco Avilés entre «lo que es periodismo y lo que no». Y es, por qué no, la forma de evitar que cuando aparezca alguien talentoso lo conviertan inmediatamente en columnista o editor, como aportó Toño Angulo. «Es como si a Leo Messi lo convirtieran en entrenador porque es el mejor jugador».

 

«Si los medios tradicionales no mejoran el problema será de ellos», sentenció Avilés. El tiempo se agota, pero todavía hay margen para evitar que los quioscos de Lugo retiren el papel higiénico.