Quotiverso (quotidiano + universo, o vídeo de un poema contra el virus)

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Cada gesto cotidiano puede contener el universo. Eso me escuché decir y después repetir, repetir, repetir, como un estribillo, allá por abril. La cuarentena empezaba a hacer sentir el encierro y, hasta los que la pasamos bien solos, comenzamos a sufrir la falta de la mirada del otro, de los brazos del otro, de su presencia corpórea junto a la nuestra. Lo empecé a sentir como un miembro fantasma; picaba, y picaba mucho, y picaba intempestivamente en los momentos menos pensados. Y sin embargo no estaba. No estaba ahí donde debía estar.

Fue entonces que las paredes empezaron a reclamar su presencia y yo empecé a sentirme prisionera de ellas; de la rutina repetida; de las caminatas de una habitación a la otra y vuelta a la una, y vuelta a la otra; de las pantallas que ya antes tan poco soportaba.

Tenía que tomar las riendas. De algún modo, tenía que transformar eso que se volvía amenaza en mi salvación de cada día, en el motivo por el que transitar cada una de las diecisiete o dieciocho horas que estaba despierta –y no estaba videotrabajando–. Que pasaba conviviendo con las paredes. Dejé de escribir sobre viajes y personas, y empecé a escribir sobre el viaje de preparar el café, por ejemplo, imaginando cómo llegaron esos granos desde la plantación en Colombia hasta mi casa. Sí, tenía que encontrar en cada movimiento un mundo, una historia.

Fue entonces que me escuché decir eso de que cada gesto cotidiano puede contener el universo. Porque a veces las palabras se adelantan al pensamiento que las formula, quieren llegar antes y volverse ellas mismas pensamiento. O poema. Porque fue entonces también que aparecieron estos versos del vídeo.

Y, como los días pasaban y había que seguir transformando la amenaza en leit motiv, decidí ilustrarlo sin saber ilustrar, componerle una música sin saber componer, filmar el proceso y montarlo en un vídeo sin saber. Mejor aún el sin saber, me decía, porque me da más oportunidades de convertir la amenaza en aliada, en amiga, en descubrimiento.

Así nació Quotiverso (quotidiano + universo), este vídeo o videma, video de un poema, muy de aficionado, que hice con lo que tenía en casa, inventándome con cables y pinzas de ropa el soporte para la cámara, convirtiendo la tinta de lapicera en óleo o acuarela, o los escarbadientes en plumas, usando potes de crema vacíos, recortes de cartulina, cosas así. Este vídeo que tiene para mí el valor de un salvavidas. Y ojalá de algún modo, de algún mínimo modo, lo tenga también para vos, ahora que nos toca volver a las casas, a lo cotidiano, al silencio de las paredes erguidas. Porque sí, en cada gesto cotidiano se esconde el universo entero.

Posdata. De esto, del infinito tras cada acción y decisión de cada día, deben saber mucho todos los que pelearon y pelean en FronteraD para llegar a cumplir hoy 11 años. Once años de una revista independiente… Sí, mucho deben saber de esto, de cotidiano, de que cada día sea una nueva batalla, un desafío por superar, mejorar, seguir. Un universo. Quotiverso. Yo no, yo que soy una recién llegada. Pero ellos sí. Ellos sí saben de levantar mundos para conseguir lo que en otros medios es solo hacer una llamada o dar una indicación. Ellos sí saben de eso. Por eso los celebro, queridos colegas, y me siento tan orgullosa de subirme a este barco.

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