Ratones en el desván

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Yo quería decir algo interesante sobre esta cumbre de la izquierda, este acontecimiento ilusionante, pero no me sale nada. A lo mejor es que no hay nada, como empeñarse en encontrar algo en una oquedad. Yo me asomo y grito: ¡Pedrooo! Y nada. Si acaso me parece escuchar muy tenuemente: pluri, pluri, pluri... No sé qué será eso. Yo creo que no lo sabe nadie. Ni siquiera él. Me vuelvo a asomar y digo: Pablo, muy secamente. Nada...

 

Hay gente ilusionada tras la reunión de Pedro y Pablo. Yo tenía un profesor de matemáticas que se llamaba Pedro Pablo. Era (es) miembro de una congregación religiosa y le llamábamos (le llamamos) Piterpol. Piterpol podría ser un grupo musical pero es un señor alto y delgado y célibe, entre otras cosas, que fumaba en los pasillos del colegio. Recuerdo que en aquella época las colillas se tiraban al suelo como algo absolutamente normal. Cualquiera podia tirar un papel y ser reprendido, pero tirar una colilla estaba social y normativamente permitido. Cómo ha cambiado todo desde entonces. Piterpol les podría haber dado clases a Pedro y a Pablo igual que a mí. Pero son Pedro y sobre todo Pablo quienes nos dan clases a los demás. Yo aprendo mucho con Pedro y Pablo. Y lo que nos queda. Con Píter y Pol. Píter y Pol es como un nombre de dibujos animados. O como el de dos superhéroes. Píter y Pol son como Batman y Robin, o como Laurel y Hardy, o como Maya y Yaya. Yo quería decir algo interesante sobre esta cumbre de la izquierda, este acontecimiento ilusionante, pero no me sale nada. A lo mejor es que no hay nada, como empeñarse en encontrar algo en una oquedad. Yo me asomo y grito: ¡Pedrooo! Y nada. Si acaso me parece escuchar muy tenuemente: pluri, pluri, pluri… No sé qué será eso. Yo creo que no lo sabe nadie. Ni siquiera él. Me vuelvo a asomar y digo: Pablo, muy secamente. Nada, salvo una cada vez más notable melodía en su voz, un ritmo rapero y un sorprendente acento ¿vasco?, ¿asturiano?, yo creo que vasco. No sé. Mientras espero me vuelve Piterpol. Mi Piterpol. La reunión de Pedro y Pablo me ha recordado mi infancia. Eso es todo, y no es poco. Pedro Pablo, largo y amable, profesor de matemáticas. Pedro y Pablo también han dado clases. Pablo igual también fumaba allí en pleno siglo veintiuno en los pasillos de Somosaguas. Pedro casi seguro que no. Pero por ahí no. Por ahí no me viene nada. Hay gente que está ilusionada con ese encuentro de la nueva izquierda. Tan nueva que nadie sabe muy bien qué se propone. Ellos mismos tampoco en realidad. Están probando. Está jugando. Están cuchicheando. Se oye como ruido de ratones en el desván. Pluri, pluri, pluri. Son Pedro y Pablo. ¡Hola! Nadie responde. Son ratones. Son Pedro y Pablo. Que no decaiga la ilusión.