Recuerdos del olvido

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Cuando una persona sufre una experiencia traumática, invariabemente recibe el consejo médico de intentar aflorarla, recordarla, hablar de ella. Evitar, en lo posible, el olvido motivado, que haría más probable la aparición de lo que antes se llamaba neurosis, de los trastornos de ansiedad.

 

Las sociedades sin embargo, a veces, para poder convivir, requieren unas buenas dosis de olvido. Así, nuestra sociedad, la española, ha vivido las últimas décadas narcotizada, condenada al olvido de los crímenes de la guerra civil y su larguísima postguerra.

 

Un japonés cualquiera, llamado Toru Arakawa, sintió curiosidad por estos hechos incomprensibles, y acudió a Ponferrada para ayudar a los españoles que buscaban en las cunetas a sus familiares. Dicen que cuando sacó los primeros restos de una fosa común, lloró amargamente. Y nunca dejó de venir. Hasta que murió, en 2009.

 

Las sociedades, al igual que las personas, deben recordar, y devolver a cada uno lo que es suyo. Al que le quitaron bienes, al que le quitaron la vida, … claro que eso no se puede devolver. Pero sí la dignidad de un reconocimiento expreso, la sepultura honorable, la revocación de las condenas injustas, la cátedra, etc….Todo a título póstumo, claro está, pero todo necesario para sus hijos y para toda la sociedad. Y pagado con fondos estatales, responsable civil subsidiario, al fin y al cabo.

 

Es necesario recordar, entre otras cosas para que no pueda suceder de nuevo. Las heridas cerradas en falso supuran, fistulizan y acaban dando problemas. En España, a diferencia de Italia o Alemania, no se prohibieron los partidos fascistas. Fascistas que pueden denunciar a un juez. Si alguien desvaría un ápice puede dar trámite a una denuncia como esa, y a partir de ahí todo lo demas. Confluencias de intereses y demás basura.

 

Recordar, para un pueblo, es tan saludable como para los individuos. Si Toru Arakawa supiera lo de Garzón, de nuevo lloraría con tristeza..