Reflejo

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Supongo que a cada cual el cristal nos devuelve un reflejo. No hay ciudad sin skyline.  Sin silueta. Sin edificios que recorten –como en aquellas fichas de parvulitos en las que había que esmerarse con el punzón– el cielo a su paso por ese núcleo urbano. 

 


Supongo que a cada cual el cristal nos devuelve un reflejo. No hay ciudad sin
skyline. Sin silueta. Sin edificios que recorten –como en aquellas fichas de parvulitos en las que había que esmerarse con el punzón– el cielo a su paso por ese núcleo urbano. Vale, por ejemplo, una torreta de luz destartalada o la chimenea de una fábrica para aquellos pueblos a los que o la historia no legó un patrimonio de postal o los anhelos faraónicos del regidor de turno los truncó la crisis. Salamanca tiene la suerte de tener varios skylines. Si uno se asoma a la ventana desde el paseo de San Vicente, contempla uno. Si camina junto al Puente Romano, verá otro, el arquetípico. Esto los lectores de salamancartv bien lo saben, pero no los de fronterad. Están las torres de la Clerecía –un templo donde los dineros se han impuesto al Evangelio– y su cúpula. Lo mismito con la Catedral Nueva. El paisaje lo cierra, por la izquierda, Andrés Alén, que es torreón del arte actual tormesino. Y así lo ha retratado el fotógrafo. ¿Qué mira?