Reflexiones después del bitute*

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Y me levanté esa mañana, abrí las puertas de Grand Central y me sentí un neoyorquino. De pronto me habían crecido unas aspiraciones inmensas y mi subdesarrollo empezó a perder kilos de peso, porque aquí a no muchos, excepto a nosotros, les importaba si yo era de Lima, si yo era blanco o medio cholo, si yo fui al colegio católico o a las dos o tres universidades «bien» del Perú.

Un renacuajo más que abandonaba el estanque y empezaba a nadar en la piscina. Por ratos, claro, el renacuajo pensaba que se ahogaba. Las «voces» le decían que sólo bastaba darse la vuelta y saltar otra vez al viejo estanque, olvidarse de los peces gordos, el mundo; y reacomodarse a las mediocridades involuntarias (y a veces pareciera que voluntarias) de un estanque más pequeño. Tal vez sólo era perspectiva ¿no? Lo que acá en Newyópolis parecía ser la periferia, en la periferia era el centro: ¿Sabes acaso algo de Sendero Luminoso, de Chumpitaz, de Vargas Llosa, del cebiche? ¿Has probado arroz con pato, lomo saltado, ají de gallina, anticucho de corazón?: no, no, no, no, no y no.

En esta piscina había partes hondas y otras a las que se llegaba sólo parándose de puntillas. Me hacía recordar esas tardes en que yo jugaba a sacar la tapa de fierro de la parte honda de la piscina del club Rinconada. Nadaba cargando la tapa con una mano hasta la superficie y dejaba caer la tapa… y otra vez. Hasta que me aburría y salía a saltar del trampolín, hasta que me aburría y era conducido a los camerinos.

El Met ¿Tal vez me convenció el Met? He ido a pocos museos peruanos, pero tiene cierto encanto saber que los cuadros de los pintores que admiraste con locura durante el colegio están a tu lado, a cincuenta centavos de distancia, en un pasillo no siempre demasiado transitado de un museo: Renoir, Dalí, Gauguin, Gris, Picasso, Degas, Matisse. Todos en fila. Hasta con explicación guiada. A la salida de mis clases de latín en Hunter College, mataba un par de horas allí en el Met y luego a otra cosa, mariposa.

¿En qué momento la historia universal se saltó al Perú? Tenemos mucho que aportar sí, pero nuestra civilización semi arrasada fue reemplazada por otra esclavizante y racista, acomplejada y servil, inepta y corrupta. Los Estados Unidos se fundaron sólo 45 años antes que nosotros (1776-1821) y mira donde están ellos… A la lagartija que miraba a los lagartos y se paseaba debajo de los rascacielos le dolía. Veía civilización, puentes, maravillas arquitectónicas, subterráneos con tres carriles uno encima de otro y le dolía.

Claro que a este lagarto de ahora ya no le duele tanto. El Perú del 2000 no es el mismo del 2012, felizmente (…¿ya no?) Hasta que uno entra –sólo de casualidad– hasta el fondo de un bar lleno de peruanos ebrios en busca de un triunfo, con la camiseta de una selección de fútbol que es la única que la vida le permite a uno amar; y vuelven los recuerdos, el sentimiento de inferioridad, la culpa, la frustración.

¿Necesitamos líderes? Y qué hacen aquí tantos compatriotas engordando en la parrillada del fin de semana. Ese país ya no nos pertenece. Somos parte de la piscina más grande y miramos diferente, pensamos diferente. O siempre pensamos así y nos alejamos con resignación de la tierra que llamábamos patria (¿qué carajos es patria?).

En los intermedios del refrigerio complementario en mi trabajo limeño, yo me iba a ver el mar. Amaba el mar. Había una pista que te llevaba, bordeando el Morro Solar, hasta el lado del Salto del Fraile. Desde allí se caminaba por un senderito entre las piedras, sobre las cuales uno se podía sentar a mirar las olas reventando y los acantilados sobre la bahía. Acá hay más mar que allá, todo este Atlántico que baña las costas de Nueva York, pero nunca tanto fue tan poco nuestro. Neoyorquino con el corazón atorado en otro rincón. Naturaleza humana, dicen, tal vez ni siquiera valga la pena que se gaste tanta tinta en gallinazos…

Y siempre nos queda Vallejo ¿no? Porque tanto poeta que intentó escribir como él; y nadie más que nadie nos cuenta todo esto como lo contaba Cesitar. Pero ya desde Cesitar los peruanos imitábamos a occidente, y por eso viajaba él a París y por eso allá viajaba Huidobro y Neruda y Cortázar y ahora me entero que hasta Fernando de Szyszlo mordía el polvo para fundar su vocación.

Y de éso se puede tratar todo esto que se ha dicho acerca de nosotros: los inmigrantes interocéanicos: abandonar estanques y nadar en piscinas. Y con los años, olvidarse que el mundo sólo tiene dos colores, reconocer que la humanidad es la mezcla y la mezcla es buena. Observar a quienes hicieron más que tú (porque trabajaron más que tú) y a los genios y a los autores-autores que inventaron universos donde era posible sentir placer por el mero placer de sentirlo. Vivir completos, sin fronteras ni banderas.

Una cucaracha se ha convertido en lagarto. Nueva York es una piscina. Un limeño escribe sobre venir a donde tantos han venido. El mundo sigue dando vueltas: atentados, apagones, cracks: somos la noticia. La noticia somos nosotros. Un atraco en una calle de la ciudad de Nueva York aparece en los periódicos de todo el mundo. Somos un rincón peruano en el corazón ¿Cuál corazón? Esto es un intestino trabajando, comiendo de todo y botando. Esos rascacielos sólo son para que suban tres o cuatro, para que vean el mar de los desperdicios alejándose por la bahía de Nueva York. Muchos piensan así. Los que no la han vivido. Los que hubieran querido que yo saltara de regreso al estanque y me olvidara de que el universo da vueltas y yo doy vueltas con él. A todos los demás: mercie beaucoup.

*Bitute: en peruano común y corriente: el almuerzo, el combo, la jama. Famoso corillo de una canción que cantaba a voz en cuello el Zambo Cavero: «y a la hora del bitute…».