Reinhard Gäde

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Decía Sócrates que la belleza reside en la adecuación de una forma a su fin. Antes de que alguien tuviera la maldita idea de separar el arte de todo lo demás, la belleza era la forma de mediación más eficaz entre el hombre y las cosas, una gozosa confabulación instrumental entre ética y estética. No hay objeto más bello que aquél que cumple escrupulosamente su cometido. Eso, tan difícil de conseguir, es lo que permite que un buen diseño sea capaz de reinventar estándares. Lo hizo en 1975 el alemán Reinhard Gäde -fallecido el pasado sábado en Madrid- con su diseño para el diario El País. Sus innovaciones en el formato y en la manera de ordenar la información y la publicidad tuvieron gran influencia sobre muchas publicaciones posteriores. Pero, en mi opinión, la grandeza del trabajo de Gäde reside sobre todo en su exquisito trato al lector, ofreciéndole, por un lado, la más grata experiencia de lectura conseguida hasta entonces en un medio nacional -y aún sin superar- y, por otro, un concepto visual limpio, elegante, diferente, perfecto para una nueva comunidad ideológica a la que pertenecer y con la que identificarse y distinguirse de los demás (en ese sentido, en la España de 1976, El Pais fue el Apple de los periódicos). A la hora de explicar su éxito, el diseño ha sido, sin duda, un factor tan importante como los contenidos. Por eso, en justicia, no acabo de entender la escueta necrológica con la que el diario que él tanto contribuyó a crear ha despachado la muerte de Gäde.

 

 

La imagen que ilustraba el pasado 21 de marzo en FronteraD el artículo de Jonathan Blitzer sobre El País contiene, además de una crítica a los actuales devaneos extraperiodísticos del diario, un homenaje a la belleza rigurosa, limpia y sosegada que Reinhard Gäde inoculó en aquel deslumbrante periódico de 1976. En la ilustración de Gluco, la cabecera en elegante tipografía Clarendon, que el diseñador se negó entonces a mancillar poniendo una tilde sobre la i (luego se la colocarían en 2007), aparece lavada en blanco y grises, e inapelablemente coloreada y acentuada por la corona de la monarquía española. Hoy El País estará contento. Se ha sabido que la Casa Real es una de las instituciones menos maltratadas por los recortes de los nuevos presupuestos.

 

 

Reinhard Gäde