Relato

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Ha entrado una mujer ciega, se ha sentado con la ayuda de otra persona, ha doblado en seis el palo de ciega con las manos, ha colocado una cuerda para sujetar el objeto doblado, lo ha dejado en el regazo, ha abierto el bolso, ha empezado a buscar con las manos, ha sacado del bolso un teléfono móvil, ha cerrado el bolso, ha presionado el botón del lateral para iluminar la pantalla, se ha acercado el móvil a la cara, ha puesto su ojo derecho muy próximo a la pantalla del móvil, tan cerca como la distancia de una pestaña algo alargada

creo que con el oído u ojo izquierdo ha sentido mi mirada, dicen que los ciegos pueden hacerlo, porque se ha detenido un momento atenta

ha mirado con lo poco que le queda de vista el interior del móvil, ha visto algo y se ha quedado ahí durante quilómetros de recorrido por el camino, hasta el final

he mirado todo desde mi posición privilegiada, enfrente, diagonal

he echado un vistazo para ver si alguien más ha observado a la mujer ciega ver con el resquicio de su ojo derecho la profundidad de su teléfono móvil conectado

Solo una niña (que siempre me recuerda a alguien), una niña de ojos marrones y claros, Celia (así la llamó al final la persona mayor que estaba con ella), nos ha visto

no había nadie

Celia ha intentado guiñarme un ojo de complicidad, la complicidad de ver a la mujer ciega frente al móvil, buscar por el resquicio del ojo derecho, por el hueco de su ojo derecho. Los dos hemos visto lo mismo y recordado algo también

A la vez

Celia, la niña, quien cierra los dos ojos al querer guiñar uno (uno un poco menos que el otro) porque todavía está aprendiendo a guiñar los ojos y es difícil aprender a dejar un ojo abierto mientras el otro sigue abierto.

la progresiva utilización del plato redondo individual, que concentra el alimento de una sola persona, acompañado de cubiertos también individuales, señala la aspiración de hacer de la comida un acto individual libre y diferenciado que llega hasta el bocadillo y el refresco junto al ordenador de trabajo.

Miradas sobre la ciudad, Manuel de Solà-Morales

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