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Mientras tantoReseña de 'Cicatrices inútiles', de Juan David Morgan

Reseña de ‘Cicatrices inútiles’, de Juan David Morgan


CICATRICES INÚTILES

Juan David Morgan

Planeta, Ciudad de México, enero 2019. 184 páginas.

La publicación del último número de la revista Granta en español, dedicado a la literatura centroamericana, supone una buena oportunidad para revisar la relación de los lectores españoles con una producción literaria tan fértil, tan desconocida y tan marcada por las guerras civiles, la represión, las dictaduras militares y la sombra perenne de los Estados Unidos. Si bien debe ser fácil, sin duda, encontrar en nuestras estanterías libros de autores como Sergio Ramírez y Gioconda Belli (Nicaragua), Rodrigo Rey Rosa y Eduardo Halfón (Guatemala) u Horacio Castellanos Moya (El Salvador), posiblemente sea mucho más complicado encontrar a lectores de Jorge Galán, Claudia Hernández y Javier Zamora (El Salvador), Carlos Cortés y Carlos Fonseca (Costa Rica), Giovanni Rodríguez (Honduras, donde la editorial mimalapalabra está haciendo un trabajo impagable y muy poco reconocido) o de autores de países como Panamá, cuya literatura resulta casi por completo desconocida. Así que la aparición del número 26 de Granta en español supone una buena oportunidad para recomendar, por ejemplo, la antología de escritoras preparada por Gloria Hernández publicada por Alfaguara en 2023 (‘Desde el Centro de América. Miradas alternativas’), o el gran trabajo de la investigadora Helen Umaña para dar a conocer la literatura de su país (‘Voces de la literatura hondureña’, también en mimalapalabra) o el libro brutal de la mexicana Ximena Santaolalla sobre la feroz impunidad de los kaibiles en Guatemala (‘A veces despierto temblando’, en Random House Mondadori). Y también para hacer las paces con la literatura panameña, tan ajena y olvidada.

El primer y único libro procedente de Panamá llegó a mi hogar en 2024. En Granta es Carlos Wynter Melo el escritor panameño seleccionado, pero en mi caso el libro elegido para completar esa injustificable laguna en mi biblioteca fue ‘Cicatrices inútiles’, de Juan David Morgan, autor también de títulos como ‘La muerte de Daniel’, ‘El caballo de oro’, ‘Fugitivos del paisaje’, ‘La cabeza de Balboa’, o la reciente ‘La rebelión de los poetas’, todos en Planeta o Alfaguara. No fue un libro elegido al azar: ‘Cicatrices inútiles’, publicado en el año 2019, trata sobre la invasión estadounidense de Panamá para derrocar al dictador Noriega y restablecer la democracia en el pequeño país centroamericano, hecho que tuvo lugar en diciembre de 1989, cuando se aproximaba la reversión del canal al gobierno panameño y Noriega, títere de la Casa Blanca, se había convertido en un díscolo militar populista, acusado de propiciar el narcotráfico y de desmantelar las estructuras democráticas de su país. Un tema interesante para disponer, al menos, de una exigua representación panameña en la biblioteca personal de literatura hispanoamericana.

Se lee bien ‘Cicatrices inútiles’, ya que narra con agilidad y diálogos y situaciones creíbles la trastienda de esa intervención militar que causó más víctimas civiles e inocentes de lo previsto, y que acabó con la caída de un dictador al que nadie apoyó en su momento. No era Noriega un hombre de Estado, no era el sucesor de Torrijos ni el justiciero con visión de futuro que necesitaba Panamá en aquellos momentos de tensiones geopolíticas. Como tantos otros salvadores de la patria, se valió del ejército para llegar al poder y de la población más necesitada para conseguir un apoyo social ficticio y barato de comprar. En este sentido, leyendo este libro ameno de Juan David Morgan, es difícil no establecer un cierto paralelismo entre lo acontecido en Panamá en 1989, cuando son los barrios populares y empobrecidos los que plantan cara a la invasión estadounidense, y las noticias últimas de Venezuela, donde sólo en ciertos sectores igualmente depauperados parece cundir ese espíritu de identificación del dictador con la patria ante las amenazas de una posible intervención militar externa. Cambian los nombres y cambian los países, pero las recetas continúan siendo las mismas.

Cumple con su cometido ‘Cicatrices inútiles’, porque contiene aciertos evidentes y gustará por ello a los amantes de la literatura de contenido político. La descripción de las discusiones internas en Camp David antes de la invasión es creíble, así como las negociaciones posteriores de los estadounidenses con los políticos panameños, y de éstos entre ellos. Los tejemanejes de la política, tan necesarios como incomprendidos, permiten al autor mostrar un amplio rango de posiciones personales, que van desde el oportunismo hasta el sentido de Estado, algo que a veces también existe. Y al incorporar a la narración a personajes más implicados en los hechos militares -un sargento de los Rangers, un joven suboficial del ejército panameño- despliega ante los lectores una panorámica verosímil de los sentimientos y emociones de quienes, al margen de los altos designios políticos, vivieron la invasión en primera persona, con sus riesgos, sus miedos, sus esperanzas y sus contradicciones.

Otro de los aciertos de este libro, aunque quizás se quede un poco corto en este aspecto, es la perspectiva de un indígena tule, Belisario, y de un habitante marginal de uno los barrios más marginales, Mediamano, procedente de El Chorrillo, una de las zonas más castigadas por la acción militar contra los partidarios de Noriega. Al final, como ocurre en todas las guerras, es la gente común la que sale más perjudicada, y son precisamente los que menos tienen los que más pierden, porque los otros, los políticos, los oficiales, los soldados o los cobardes, saben bien cómo esconderse, cómo ponerse a salvo y evitar que les roce la metralla y que la sangre les salpique. Una línea argumental que está bien traída, pero que podría haber contado con un desarrollo mayor.

Mención aparte merecen los políticos panameños, cuya acción ocupa una buena parte de la novela, hecho que muestra tanto la pericia narrativa del autor como sus conocimientos de los entramados del poder. Acierta de lleno al incorporar a la trama a tres personajes reales -Rafael Arias Calderón, Billy Ford y Guillermo Endara- y a una cuarta presencia, en este caso de ficción, la lideresa de la Cruzada Civilista, Maribel Arango de Santini, periodista de formación. Porque en torno a esta mujer gira buena parte de la trama política, representando los más altos ideales institucionales y democráticos, al tiempo que se desvelan sus más íntimas contradicciones personales: es Maribel Arango una persona íntegra, pero no una suerte de nueva Virgen María, intachable, abnegada, sin pecado concebida. Una figura de carne y hueso, con sus dilemas morales y decisiones prácticas, con su humanidad aplastante, que confiere a toda la obra ese punto de credibilidad que necesita una novela que mezcla realidad y ficción para atreverse no sólo a imaginar, sino también a entrever, ofrecer y explicar.

Termina la lectura de ‘Cicatrices inútiles’ con buen sabor de boca. La novela tiene un subtítulo: ‘hay heridas que nunca cerrarán’. Se pregunta el autor si las cosas podrían haber sido de otra manera, y con su libro invita a repasar la historia reciente de Panamá y a conocer mejor lo ocurrido en aquellos días señalados de diciembre de 1989.  Una obra, pues, eficaz y cargada de reflexiones siempre pertinentes sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre las lealtades y compromisos, que plantea esa reflexión íntima que lleva a cada cual a decidir qué hacer en momentos de altas exigencias. Un libro verosímil y ameno que se convierte así en un excelente embajador de la literatura panameña en cualquier biblioteca, y que es una buena invitación para leer más obras y autores de ese país inventado por Wall Street en 1903.

 

 

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