Retrato del pintor enfermo

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La enfermedad como el teatro, hablan de la vanidad de la existencia humana. El artista que no se pinta a sí mismo, demuestra poco interés por la vida. No hay un ser vivo más cercano, dispuesto a ser retratado; y también el que menos se mueva en estos trances. Picasso, Goya, Rembrandt, Durero, Van Gogh o Velázquez, no dudaron en convertirse en sus propios modelos y en sus personajes. Por mucho que se mire al exterior, siempre se pinta lo que hay dentro de la cabeza.

 

Faba enfermo con bata de rayas, manta roja en ristre, y cojín de anillo por sombrero, venía así de cargado para poder acomodarse en su sofá (que es el sucedáneo de la cama, lugar natural de los griposos), cuando al pasar frente a un espejo de cuerpo entero, quedóse impactado ante la imagen tan teatral como atemporal que reflejaba su aspecto. Podría ser un turco, un Solimán en sus aposentos del palacio de Topkapi; o un astrólogo fingido del teatro barroco hispano; o el gobernador de un estado imaginario, ubicado por Shakespeare en una pequeña isla del Mediterráneo.

 

Sin poder dejar ni una sola de las piezas que trasladaba de cuarto (puesto que formaban el atrezo de su personaje), incorporó además la cámara fotográfica, y se sentó en un taburete para fijar la instantánea de aquella extravagante indumentaria, de enfermo fantástico.  

 

Ipso facto, se dedicó a transcribir la imagen a la acuarela sobre un papel de estraza.

 

 

P. S. Puede percibirse en la mano izquierda del pintor, un boceto de una de sus flores de cactus, que pintó al mismo tiempo que este autorretrato de convalecencia.

 

 

El artista enfermo

Gabriel Faba. 2007

Acuarela sobre papel de estraza.

49,5 cms. X 36 cms.