Retratos sonámbulos

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Bajo la luz gaseosa de su lámpara de mercurio y argón, todas las cosas aparecían verdes en sus retratos.

 

Había instalado su estudio fotográfico de objetos en un rincón de la cocina, justo sobre la tapa de la hornilla. Una pared de azulejos en ángulo completaba el doméstico forillo fotográfico.

 

Realizaba retratos sonámbulos, de madrugada, cuando la ciudad dormía al otro lado de las ventanas. Todo era latido y silencio, roto –de vez en cuando- por el ruido de una motocicleta, que pronto se perdía en lontananza.

 

Esta lámpara de sal con pantalla de rafia no llegó nunca a alumbrar, sólo a ser iluminada por esta luz lechosa. Retratos a la luz de la luna vegetal que rige los minerales.

 

La turbadora frialdad de los tubos fluorescentes, combinada con la química fotográfica, retrataba a los objetos como si fuesen cadáveres.

 

 

Foto: Vizcaíno