Revelando las profundidades. Del batiscafo Trieste al sumergible Titán

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Deep Sea Challenger posado en el fondo abisal. Foto: National Geographic. Foto: GREAT WIGHT PRODUCTIONS PTY LTD Y EARTHSHIP PRODUCTIONS, INC Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/medio-ambiente/james-cameron-descenso-oceano-2_7282

Mes de junio del año 2023: La compañía Virgin Galactic triunfa llevando al espacio su primer vuelo comercial. El sumergible Titán sufre una implosión catastrófica en el fondo del Océano Atlántico: todos sus tripulantes fallecen. Entre ambos sucesos hay 10 días de diferencia. Para formar parte de la primera expedición, el costo es de 450.000 dólares; para la segunda, 250.000 dólares. Los humanos sin boleto nos preguntamos no cuál de estos viajes hubiésemos elegido, sino qué habríamos hecho con esa cantidad de dinero.

Durante algunos días nuestra atención absorbe todas las historias que arrojan los portales de noticias. Nuestra curiosidad se retroalimenta con titulares sensacionalistas y memes. Luego, poco a poco, nos olvidamos del asunto, consumidos por nuevas alertas y tendencias en redes. Hoy la urgencia por saber ha desaparecido. Propongo que nos adentremos en las profundidades de esta historia.

Esta narración comienza con Auguste Piccard. Auguste Piccard fue un físico, inventor y explorador suizo. Sus contribuciones a la exploración de la atmósfera y del espacio son un estímulo para la imaginación. El caricaturista belga Hergé se inspiró en la figura de Piccard para crear al profesor Calculus (el profesor Tornasol en la traducción al castellano), amigo científico de Tintín. El compositor Will Gregory compuso la ópera Piccard in Space, que se estrenó en mayo del 2011 en Londres. Una variación del apellido Piccard alcanzó a la cultura popular en uno de los personajes de Star Trek.

Los trabajos de Piccard con globos aerostáticos para estudiar la atmósfera terrestre sirvieron de base para su etapa de explorador de las profundidades marinas. Él ideó y construyó, en colaboración con la Marina de los Estados Unidos, el batiscafo Trieste. Un batiscafo es un vehículo que se utiliza para hacer inmersiones en aguas profundas. El batiscafo tenía dos componentes principales: una esfera de acero y un flotador horizontal de gran tamaño en la parte superior. En el interior de la esfera se acomodaban los tripulantes. El flotador se llenaba de aire y gasolina para dar flotabilidad al vehículo, que además contenía 18 toneladas de balasto de acero que hacían que el batiscafo se hundiese, mientras que su liberación provocaba el ascenso.

En 1960, el hijo de Auguste, Jacques Piccard, junto al teniente de la marina Don Walsh, descendieron al punto más profundo de la Tierra: el abismo Challenger en la Fosa de las Marianas, ubicado a 10.916 metros bajo la superficie del mar. Este viaje representó un hito en la historia de la oceanografía, expandió nuestro conocimiento y nuestras mentes.

En el mar, la presión hidrostática aumenta una atmósfera con cada 10 metros de profundidad. A 11 kilómetros bajo el agua, como en la Fosa de las Marianas, los objetos tienen que soportar la presión de 1092 atmósferas sobre sus estructuras. Para una persona, esto equivale a cargar con un descomunal bisonte americano en cada centímetro cuadrado de superficie corporal. Construir un vehículo capaz de soportar dichas presiones era algo que sólo un genio como Piccard podía lograr.

Para mí, la historia del batiscafo Trieste era comparable con la llegada del hombre a la luna. Entonces, ¿por qué no hablábamos más de ella? ¿Por qué no la enseñaban en la escuela? ¿Por qué en 50 años nadie había repetido esa hazaña? Escribía una historia sobre ello cuando, el 26 de marzo del 2012, el mundo despertó para recibir la noticia de que James Cameron, el director de Hollywood, había descendido en solitario al lugar más recóndito del planeta: la Fosa de las Marianas.

La obsesión de James Cameron con las profundidades se remonta a su niñez, a las horas pasadas viendo los programas de Jaques Cousteau; al momento preciso en el que, en la sala de su casa, vio en el televisor la proeza llevada a cabo por Piccard y Walsh a bordo del Trieste. Ahora jugaría a viajar dentro de un submarino. Con los años, su sueño de infancia tomó un objetivo claro: crear una máquina para explorar lugares nunca vistos por los seres humanos. Así nació el Deepsea Challenger.

El Deepsea Challenger es un torpedo vertical color verde fosforescente. El corazón de esta nave es también una esfera de acero. Dice James Cameron para el documental de National Geographic: “La esfera es la forma perfecta para resistir la presión del océano”. La esfera del sumergible está recubierta por una espuma sintáctica creada por Ron Allum, ningún otro material parecía adecuado para soportar la presión de las profundidades. Esta espuma es un componente clave para dar flotabilidad y soporte al vehículo, de otro modo la esfera de metal se hundiría sin remedio. La espuma suple a los tanques de gasolina de los batiscafos. En el documental se observan los simulacros de emergencia y las pruebas de presión sobre la esfera para comprobar la operatividad de la máquina. Observar, en la pantalla, cómo el Deepsea Challenger desciende hasta llegar a la zona hadal produce una sensación de logro. Es fácil sumarse a las misiones de éxito. Es profundamente emocionante.

No hay muchos sumergibles tripulados capaces de explorar las profundidades. El legendario Alvin es uno de ellos. El sumergible Alvin es operado por la Institución Oceanográfica Woods Hole; fue diseñado con el objetivo de reemplazar a los batiscafos y hacer equipos más maniobrables. El sumergible ha sido parte de momentos históricos como la exploración del naufragio del Titanic y el encuentro de las fuentes hidrotermales. Los descubrimientos del Alvin han dado lugar a más de 2,000 publicaciones científicas. El vehículo alcanza una profundidad de 6,500 metros y ha realizado más de 5 mil inmersiones. De nuevo, su casco de presión es una esfera de metal, en este caso de titanio.

La forma y los materiales con los que fue construido el sumergible Titán han sido altamente cuestionados. David Lochridge, exdirector de operaciones marinas de OceanGate, expresó en un correo: “Ese sub es un accidente esperando a ocurrir”. Así lo dio a conocer la investigación de Ben Taub para The New Yorker. Stockton Rush, quien fuera el CEO de OceanGate, estudió ingeniería mecánica y aeroespacial en la Universidad de Princeton. De niño soñaba con ir al espacio; en Star Wars, Star Trek y 2001: Odisea al Espacio veía su camino. Para su tesis, diseñó un avión ultraligero de alta velocidad que pilotó por algún tiempo. Tras presenciar el lanzamiento de una nave espacial suborbital financiada con fondos privados, Rush tuvo una revelación: él no quería ser un turista más, quería ser el Capitán Kirk en el Enterprise, quería explorar. En el 2009, funda la compañía OceanGate. Él estaba decidido a hacer rentable el turismo de las aguas profundas: llevaría a turistas al sitio del naufragio del Titanic.

Rush eligió un cilindro para la forma del sumergible, cuya estructura estaría hecha con fibra de carbono más dos cúpulas de titanio en los extremos. La fibra de carbono es un material compuesto altamente eficiente y ligero utilizado en la industria aeroespacial y automotriz como alternativa a otros metales convencionales. Hay dos cosas que son relevantes: una, al tratarse de un material compuesto, sus propiedades no son uniformes en todas las direcciones; la alineación de los átomos de carbono a lo largo de la fibra provoca que el material sea fuerte en la dirección de la fibra y, a la vez, sea débil en otras. Esta propiedad hace que no sea un material ideal para soportar fuerza proveniente de todas direcciones, como la fuerza que ejercen las columnas de agua en el fondo del mar; y dos: a pesar de tener al menos 30 años de producción, la resistencia a la compresión y tracción de la fibra ha experimentado un crecimiento limitado debido a los defectos microscópicos inherentes a los procesos de fabricación. La resistencia a la compresión de las fibras de carbono disminuye si las fibras presentan ondulaciones o desalineaciones.

James Cameron explicó a National Public Radio (NPR) que los expertos temían que ocurriera delaminación de las fibras de carbono y fatiga cíclica del material con la exposición repetida del sumergible a las presiones del océano. Tratándose de un vehículo experimental, la Sociedad de Tecnología Marina envió una carta a Rush para advertir una catástrofe. Después de esto, OceanGate suspendió las inmersiones por un tiempo. Sin embargo, Rush no abandonó la idea de aplicar su experiencia en materiales compuestos en la industria de la aviación al campo de los sumergibles. Stockton Rush conocía el riesgo de usar fibra de carbono para su sumergible; entonces creó un sistema de monitoreo acústico que detectaría el momento preciso en el que las fibras de carbono “crepitaran”. Según sus cálculos, esto daría tiempo a la misión de abortar el descenso. Rush confiaba plenamente en sus protocolos y en la seguridad operacional de su sumergible.

Hace algunos años, Richard Branson quiso apostar por el turismo de aguas profundas. Con Graham Hawkes a cargo del diseño, desarrolló el Deep Flight Challenger, un sumergible en forma de avión, ultra ligero y cuya estructura estaba hecha con fibra de carbono. En repetidas ocasiones, el prototipo no pasó las pruebas de estrés. La idea de conquistar el océano quedó en pausa para Branson.

Algo ha faltado en la narrativa del episodio Titán. Las vidas de sus tripulantes han quedado eclipsadas por la última decisión que tomaron: descender a 4000 metros de profundidad en el Atlántico Norte.

De niño, Hamish Harding pasaba las horas leyendo el Libro de Récords Mundiales Guinness y soñando con aparecer entre sus páginas. Harding era poseedor de varios récords mundiales. En el 2019 logró el récord a la circunnavegación más rápida a través de ambos polos en avión. Harding relató para una revista: “Tenía cinco años cuando se produjo el aterrizaje del Apolo. Recuerdo vívidamente haber visto el evento en un viejo televisor en blanco y negro con mis padres, en Hong Kong, donde crecí. Este evento marcó el tono de mi vida, en cierto modo”.

Al igual que Harding, Paul-Henri Nargeolet era miembro del Explorers Club, una sociedad de exploradores entre cuyos miembros figuran Neil Armstrong, Buzz Aldrin, Jacques Piccard y Don Walsh. Nargeolet fue un experto mundial en el Titanic: completó más de 30 inmersiones al histórico naufragio. En su libro En las profundidades del Titanic, Nargeolet escribió: “Toda mi existencia gira en torno a él”.

Shahzada Dawood fue director de Dawood Hercules Corporation. Como filántropo apoyó iniciativas en salud mental. Así declaró: “La pandemia de COVID-19 ha agravado la crisis de salud mental en Pakistán, lo que pone de relieve la necesidad urgente de hacer que los servicios de apoyo sean más accesibles”. Su familia ha descrito su interés por la ciencia y por explorar diferentes hábitats. Su hijo, Suleman, era fan de la literatura de ciencia ficción y de aprender cosas nuevas.

En un pasado concierto, en Las Vegas, Adele se dirigió a su público: “Quiero hacer una votación”. Ella preguntó cuántos de los asistentes a su concierto hubieran viajado al fondo del océano para ver el Titanic. Luego dejo claro que ella no lo haría, pues además de ser miedosa, no tenía ningún interés en las profundidades del mar o el espacio.

¿Qué lleva a algunas personas a arriesgar la vida por explorar los límites de la Tierra mientras que para otros esa misma búsqueda es un asunto sin relevancia? ¿De dónde sale el impulso para lanzarse a empresas desconocidas? ¿Nacemos todos los seres humanos con el deseo de explorar? ¿Qué nutre al espíritu aventurero?

Las inexploradas aguas de los océanos siempre han cautivado la imaginación humana. Desde que Hetzel publicara los Viajes extraordinarios, generaciones y generaciones de científicos, inventores y exploradores han encontrado inspiración en las historias de Julio Verne. Jacques Cousteau llamó a Veinte mil leguas de viaje submarino su biblia a bordo. En el documental, Becoming Cousteau, se cita al explorador: “La curiosidad es el motor de todo explorador; debemos ver con nuestros propios ojos”. El naturalista William Beebe, quien fue un pionero al descender 922 metros en el océano en una batiesfera, citaría a Verne como su principal inspiración. Cuando Auguste Piccard llegó a Estados Unidos, se reunió con un grupo de científicos destacados. Con William Beebe, intercambiaría experiencias que lo inspirarían a construir el batiscafo Trieste.

Robert Ballard, el oceanógrafo norteamericano que descubrió el Titanic, ha dicho: “Cuando tenía unos diez años, mi libro favorito era Veinte mil leguas de viaje submarino. Mi héroe cuando era niño era el capitán Nemo. Quería ser un explorador submarino”.

Victor Vescovo es un explorador y hombre de negocios que ha visitado los puntos más profundos de los cinco océanos de la Tierra junto a The Five Deeps Expedition a bordo del sumergible Limiting Factor, un vehículo con una esfera de titanio cubierto de espuma sintáctica. En una entrevista Vescovo cuenta: “En nuestro último crucero mientras releía Veinte mil leguas de viaje submarino descubrí que la cantidad de tiempo que los personajes pasaron en el Nautilus de Nemo fue de diez meses, exactamente la misma cantidad de tiempo que nos tomó hacer The Five Deeps. Sólo una coincidencia, pero eso fue realmente genial”.

James Cameron ha reconocido públicamente la influencia de los trabajos de Verne. En el 2018 produjo un documental de seis capítulos para el canal AMC donde destaca la influencia de la literatura de ciencia ficción en los trabajos de varios directores.

El video promocional de OceanGate anuncia: “Prepárate para lo que Julio Verne sólo podía imaginar”. El editor en jefe para Travel Weekly, Arnie Weissmann, relata su experiencia con la expedición del Titán: “A pesar de la larga lista de tareas, me impresionó la transparencia de la operación. Cada mañana, se compartía una larga lista de tareas pendientes con todos, incluidos los especialistas de misión”. En el buque, las tardes previas a la inmersión eran amenas, la gente se reunía a ver documentales de expediciones marinas como Aliens of the Deep o películas como The Life Aquatic with Steve Zissoum de Wes Anderson, que es a su vez un tributo a Jaques Cousteau. La atmósfera que se describe a bordo del buque estaba impregnada de una sensación de aventura. Los exploradores se preparaban para la misión más trascendental de sus vidas.

La pasión por explorar de Stockton Rush chocó con la importancia de las normas y los estándares de seguridad que rigen al mundo de los sumergibles. Según una charla que sostuvo con David Pogue, corresponsal para CBS, para él, las reglas de seguridad eran limitantes. En diferentes medios se han descrito ocasiones en las que Rush argüía que las certificaciones entorpecían la innovación y el desarrollo de nuevos vehículos submarinos.

La exploración marina es esencial para el avance del conocimiento científico y la comprensión de nuestro planeta. El océano desempeña un papel primordial para el sustento de la vida en la Tierra. Dice Sylvia Earl que “con cada respiración que hacemos debemos agradecer al océano”. Conocer más sobre el mundo marino que nos sostiene es indispensable para proteger nuestros litorales, para frenar a tiempo la explotación de los suelos marinos en busca de gas y minerales preciosos. Dice Ruxandra Guidi para Nautilus: “No son sólo empresas mineras: los bancos y algunos gobiernos también se están posicionando para la extracción de recursos en el futuro”. Las historias de mar nos obligan a poner atención a nuestra casa azul. Sólo interesándonos podremos ser parte de su conservación.

En una nota maravillosa sobre el nieto de Auguste Piccard, Bertrand Piccard, el autor reflexiona: “Si los exploradores del pasado han inspirado el conocimiento a través de sus descubrimientos, el Piccard de hoy tendría que replantear su papel para inspirar actos de preservación, para asegurarse de que todavía quede un mundo por explorar”.

Ana Mirna Gálvez (Ciudad de México, 1980), médico con especialidad en Medicina Interna por la Universidad Autónoma de Nuevo León, completó un programa certificado en Geriatría en el Hospital del Monte Sinaí de Nueva York. Ha cursado talleres de escritura creativa en Nueva York y en la capital mexicana. Ha colaborado con las revistas Levadura, Letras Libres y Nexos con temas de actualidad y de divulgación de la ciencia. Actualmente escribe un libro de relatos sobre el medio ambiente.