Romper el silencio contra la violencia doméstica

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El fin de semana pasado se inauguró en una galería de Beijing una exposición fotográfica sobre la violencia doméstica con el fin de sensibilizar sobre el maltrato físico y psicológico en el entorno familiar y recaudar fondos para las víctimas chinas. El proyecto parte de una iniciativa canadiense –la organización Peace for Humanity– y pretende llamar la atención sobre este tipo de violencia, tan arraigada en la sociedad china por su propia estructura jerárquica en torno a la familia. Las fotografías del catalán Pere Ibáñez son impactantes y nos transmiten el miedo de las víctimas, pero lamentablemente no consiguen describir un fenómeno social con tantas ramificaciones. 

 

La violencia doméstica es uno de los escenarios de la violencia de género, tanto en China como en otros países. En el gigante asiático, sin embargo, apenas se ha avanzado para solucionar esta lacra social porque el ámbito de las relaciones familiares, salvo en cuestiones de planificación, sigue siendo un territorio que se rige por sus propias normas y en el que predomina el discurso confuciano. En la presentación de la exposición, Peace for Humanity señaló que en China no hay medidas efectivas para atender a las víctimas de violencia doméstica, principalmente mujeres y niños. No hay albergues y centros de atención psicológica para las afectadas, la policía hace oídos sordos a los rumores o denuncias de malos tratos… Y lo que es peor, la situación está tan normalizada que muy pocos se plantean que sea un problema social.

 

Apenas hay estadísticas sobre el fenómeno, que afecta mayoritariamente a la población de origen rural, con menos formación y mayor dependencia familiar. La violencia doméstica afecta a las mujeres en tanto esposas o hijas, pero también a personas vulnerables, como menores, mayores o enfermos. La violencia de género en el entorno familiar está enraizada en la estructura patrialcal de la sociedad china, pero la que se ejerce contra otros miembros vulnerables tiene mucho que ver con la ausencia de una red de servicios públicos básicos. A pesar de iniciativas tan loables como ésta, para romper el silencio sobre la existencia y normalización de este tipo de violencia tiene que haber un compromiso real de los líderes políticos y sociales. Y aún no lo hay.

Vigo, 1983. Licenciada en Periodismo y Especialista en Información Internacional y Países del Sur por la Universidad Complutense de Madrid. Tras experiencias académicas y profesionales en Madrid, Freiburg, Utrecht, Berlín y Londres, en 2008 llegó la ansiada oportunidad de ampliar horizontes en Asia. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos me trasladé a Beijing con un visado de trabajo pero sin propósitos definidos, abierta al descubrimiento de un nuevo mundo, y aquí sigo, observando los cambios de una sociedad en constante transición que desafía mis neuronas constantemente.