Rumores de cambio

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Nunca hubiese pensado, hasta hace poco más de un
año, que me enfrentaría a los mismos dilemas monetarios que son rutina
para los argentinos, esto es, ¿saco mis ahorros del banco y los meto
debajo del colchón, en dólares, no vaya a ser? ¿O mejor compro oro, que
para fiarnos del Imperio estamos? Qué confusión… lo de que hasta Estados
Unidos amenace con quebrar ya es mucha tela… Los europeos asistimos
atónitos a los ataques de Los Mercados, que demuestran cómo un grupito
de especuladores, esos que controlan el mundo a golpe de click
de ratón, dejan a Zapatero sin vacaciones, y ponen en jaque a la
mismísima Bruselas… ¿o no? ¿será que es todo un teatro barato? Lo
confieso, yo ya no sé qué pensar, pero cada vez me parece más siniestro
este sistema nuestro que nos vendieron como el mejor de los posibles y
resultó ser peor, imposible. Así lo expresa Ramón Lobo en su siempre sugestivo blog: “Los expertos analizan, los Gobiernos se paralizan, Moody’s, gobernante mundial, premia a EEUU con mantener al nota máxima, los griegos ya no tienen cintura para apretarse tanto cinturón, el runrún amenaza a Italia y España, y después… Lo que es malo puede ser peor dentro de cinco minutos”.

El
capitalismo salvaje, que eufemísiticamente llamamos neoliberal y que
comenzó a campar a sus anchas desde los años 80, nos dejó un mundo patas arriba:
una industria de la muerte (el complejo industrial-militar) que
gobierna el mundo, hambre, desigualdad social como nunca conoció la
humanidad, consumismo delirante y una oligarquía petrolífera que impone
el uso y abuso de los contaminantes hidrocarburos, ese ‘regalo del sol’
que vamos quemando sin culpa ni conocimiento y que probablemente nos
condena (¿y cómo es posible que a estas alturas se subsidie el petróleo
con cantidades estratosféricas?).

Cada vez me
doy más cuenta de que todo tiene que ver con todo; de que tenemos que
huir de esa parcialidad que da la especialización para mirar el cuadro
completo. Que así es como se entienden (un poco) las cosas. Y esa
perspectiva más totalizadora me lleva a pensar, cada vez con más
convicción, que este sistema no tiene remedio. Que no hay reforma capaz
de ‘humanizarlo’; se intentó con el Estado de bienestar europeo, y
pareció que salía bien; sólo que las contradicciones del sistema siempre
permanecieron, y el capital, sediento siempre, voraz, no paró ni
parará hasta desmantelar cada uno de los logros conquistados por los
trabajadores. El sistema está enfermo. ES enfermo.
El capitalismo se
basa, en esencia, en la acumulación de capital, esto es, en la
acumulación de más y más capital en menos manos. Se puede revestir con
las teorías que se quiera, se puede hablar de libertad de mercado y
Milton Friedman puede manipular cuanto quiera las nociones de Adam
Smith, pero capitalismo implica más y más riqueza, más y más
acumulación, y lleva ineludiblemente a una desigualdad social cada vez
mayor, y más sangrante en un mundo de abundancia y tecnología punta, y a
la vez, a la destrucción del planeta –o, como mínimo, de nuestra
civilización-, pues se basa en la hipótesis de un crecimiento económico
siempre en aumento, un despropósito en un mundo de recursos limitados.

Voces contra la globalización,
una serie de siete documentales realizada por RTVE, me está ayudando a
establecer esas conexiones que nos van dando una idea de ese marco
global… de esa estafa planetaria que quisieron llamar globalización. Os
lo recomiendo encarecidamente (está en youtube), aunque a veces duela saber. Como doliente es la lucidez sencilla y sincera de Manu Chao al plantearse que, posiblemente, “esa
gente” que manda también se ha dado cuenta de que no hay futuro ni
presente… pero que probablemente ya no tienen acceso al freno…

¿Todo son malas noticias? ¡No! La indignación se expande, por fin, desde Madrid hasta Tel Aviv
El mundo se vuelve más y más loco, pero con su locura se alimentan los
vientos de cambio… y algunos empiezan a entender que el capitalismo
morirá de éxito.

 

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.