Sacer (3)

0
335

Sólo las afueras, rozadas por la ambigüedad de algo todavía no fijado, permiten la libertad de espíritu y de acción que se necesita para regenerar la verdad religiosa y conectar con el eco de los Profetas. En correspondencia con un motivo general del cristianismo, existe en el evangelio de san Juan –por ejemplo, Jn. 8, 7- una problemática reivindicación del pecado, de su dolorosa función vivificadora. "Allí donde abundó el pecado sobreabundó la Gracia" (Rom., 5, 20). El pecado no es sólo marca de finitud, del mal que conlleva no ser Dios, sino punto de fuga por el cual lo sensible irrumpe en el hombre y éste recupera una posibilidad nueva, despertando a la existencia. La centralidad del pecado representa una pedagogía del error, el empirismo trascendente de lo terrenal. Es necesario fracasar para que el mundo, vencido, nos entregue algunas estrellas.

Ignacio Castro Rey es doctor en filosofía y reside en Madrid, donde ejerce de ensayista, crítico y profesor. Siguiendo una línea de sombra que va de Nietzsche a Agamben, de Baudrillard a Sokurov, Castro escribe en distintos medios sobre filosofía, cine, política y arte contemporáneo. Ha pronunciado conferencias en el Estado y en diversas universidades extranjeras. Como gestor cultural ha dirigido cursos en numerosas instituciones, con la publicación posterior de siete volúmenes colectivos. Entre sus libros últimos cabe destacar: Votos de riqueza (Madrid, 2007), Roxe de Sebes (A Coruña, 2011) y La depresión informativa del sujeto (Buenos Aires, 2011), Roxe de sebes (Fronterad, 2016), Ética del desorden (Pretextos, 2017). Acaba de publicar Sociedad y barbarie, un ensayo sobre los límites de la antropología en Marx.