Saliendo en ‘Los Simpson’

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Hoy en el Congreso han montado una convención de clanes. Estaban allí de picnic sus representantes: el de los McConvergencia, el de los McEsquerra, el de los McPnv...

 

Hoy en el Congreso han montado una convención de clanes. Estaban allí sus representantes de picnic (que es un poco lo que hacen cada día pero sobre otros manteles en lugar de sobre la cruz de San Andrés): el de los McConvergencia, el de los McEsquerra, el de los McPnv y así, pero sin sus tartanes, lo cual da una medida de que no estaban del todo de fiesta aunque lo pareciese. Allí donde exista una bandera que simbolice la disgregación acuden los clanes (como si fueran Batman llamado por las enseñas en vez de por el reflector) y organizan una merienda, que es afición muy campestre, se supone que para no pensar demasiado y ser más felices (los estultos a los que elogiaba Erasmo), y no descubrir que los procesos secesionistas del mundo sólo tienen en común el nombre de pila, como si uno por llamarse Mario tuviera el derecho de entenderse con Ava Gardner igual que su tocayo Cabré. Uno se pregunta qué pensaría usted de este escribiente si se empeñara en usar la treta durante años; y lo que le sale sin pensar, en modo locura, es que el independentista tipo, un jefe McPérez cualquiera, lo único que quiere es solazarse a costa del Estado opresor, y después a costa de sus contribuyentes. Está toda Europa expectante porque cuatro millones de escoceses  tienen en sus manos el futuro, por lo que cabe preguntarle a Cameron, entre otros, si en algún momento señalado de este proceso se le puso el flequillo delante de los ojos. O algo. Siempre se acuerda uno del odio velado a los ingleses en las bromas del  guía escocés que le llevó a ver las tierras de Rob Roy y William Wallace, quien por cierto no era Mel Gibson sino una especie de troglodita según el relato de su paisano. A lo mejor podrían habérselo pensado antes de anexionarse a un Reino Unido (aunque siempre puede salir un iluminado que conecte y prenda los sentimientos) al que a estas horas (ya terminan las colas de votantes, como en el sepelio de un principal) le tiemblan las aspas como quizá nunca le temblaron. Mañana se hablará aquí del resultado, pero mientras, como poco, hay que dejar soñar a los del picnic, que lo hacen juntos y despiertos como forofos de fútbol, allí en el Congreso tan ufanos, en una larga noche en la que se les imagina imaginándose, del mismo modo que cualquiera se puede imaginar a Bosch disfrazado de Krusty, hasta saliendo en los Simpson como Willie el escocés.