Salt (a)

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Como no quiero ver casi nada de lo que ocurre en el mundo, todo lo que inevitablemente pasa por delante de mis ojos carece de contexto. En la descontextualización me mantengo libre. Eso me creo. Hoy he visto a un antifascista (así lo he oído nombrar en en las noticias) subirse en marcha a un coche de un partido político en Salt, en Gerona, durante la campaña electoral catalana, y ponerse a dar golpes en el techo. A Salt (y también en Vic, parece ser, donde una vez oí una voz que resonaba entre las calles para que nadie pensara por sí mismo) no se debe de poder ir. Porque te salt-an encima. Esto de salt-ar encima no es que sea una cosa exclusiva de Salt. Yo casi no quiero ir ya a ninguna parte. Y menos con máscara y sin poder respirar. Salt-ar en Salt en una metáfora española. Yo he visto salt-ar en la televisión a los periodistas sobre esos mismos políticos y también sobre otros. He visto salt-ar a políticos (a todos) sobre esos políticos en el Congreso. Hasta he visto condenar los salt-os a los mismos que antes salt-aban. Menudo salt-o ese. He visto y he oído salt-ar a la gente en la calle lejos de Salt, como salt-imbanquis. Salt-ar y salt-ar. Salt-an sobre usted, aunque no lo sienta. Incluso aunque lo celebre. Están salt-ándonos encima. A todos. Salt-an y salt-an. Más allá de Salt. Llevan décadas salt-ando encima de nosotros y no lo hemos sentido nunca, ni siquiera ahora, cuando nos están aplastando.

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