Samra, 27 años y un adiós sin despedidas

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Foto: El Faro de Ceuta

(Ceuta. Maquilladora, murió a los 27 años el 6 de abril). En Ceuta la vida va a otro ritmo. Y no son solo las fronteras físicas. Es un aislamiento emocional, un choque –y al mismo tiempo abrazo– de culturas, un exceso en todos los sentidos. Por eso cuando empezó la crisis muchos pensaban aún que la ciudad autónoma se salvaría del coronavirus. Pero no pudo ser, llegó tarde, pero llegó. Y con la expansión de la pandemia, también llamó a la puerta de los ceutíes la muerte. Se han registrado cuatro casos. Y uno de ellos ha encogido el corazón de todo un pueblo. Samra solo tenía 27 años. Su marido, Morad, habla desde los altavoces de los medios de comunicación locales, con un aullido infranqueable. Su esposa murió y se enterró sin él poder despedirla. Esa “mujer maravillosa”, como él la describe, permaneció varios días ingresada en el único hospital de la ciudad. Pero resulta que él también había tenido que someterse a las pruebas del coronavirus y al no disponer de los resultados las autoridades decidieron que no podían arriesgarse a dejarlo acudir al entierro. Samra se enterraba sin él y pocas horas después se confirmaba que él estaba limpio del virus. Pero de poco le servía ya la buena noticia más que para ahondar en su sufrimiento. Le habían impuesto una separación física que no había tenido sentido. El último adiós ya nunca se producirá. Los medios locales recogían su historia de amor. El periódico El Faro de Ceuta hablaba de dos adolescentes que se habían enamorado en los pasillos del instituto Siete Colinas. Estudiaban entonces 4º de la Eso. Era el año 2008 y no tardaron mucho en casarse, aunque aún eran casi unos niños. Hace tres años nació su primera hija. A Samra le encantaban los niños y había comenzado a estudiar Educación Infantil, aunque la vida le había obligado a dejar la carrera y se ganaba la vida como maquilladora de casa en casa. Los últimos días habían sido momentos muy duros en la familia, tras fallecer la madre de Morad. Pero la situación empeoró: a los pocos días decretarse el estado de alarma, y en pleno duelo, Samra comenzó a sentirse mal. Acudió varias veces al Hospital, pero una tras otra la mandaban a casa, hasta que la última, la definitiva, la dejaron ingresada. En menos de un mes, Monrad ha perdido a su madre y a su mujer. Pero sabe que debe salir adelante. Su hija de tres años no le dará tregua. La vida, pese a todo, debe continuar. P. G. Gracias a El Faro de Ceuta.

 

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