Se saca lo que se mete, pero lo que se mete… no se entra

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Lo anterior es el texto de un mensaje de Movistar. Aparte de estar escrito (y traducido) con las patas (no termina las oraciones, no concuerdan los géneros), da por sentado que yo me he inscrito en una lista, y luego amablemente me dan la posibilidad de solicitar la baja: ¡pues es mentira! Hace años que no tengo nada que ver con esa empresa, y parece que ahora, además del acoso telefónico, han pasado al electrónico

 

A propósito del acoso telefónico, me ha llegado un mensaje estupendo sobre cómo librarse de él. Basta con dejarles decir unas palabras y, una vez que queda claro de qué se trata, hay que pronunciar esta frase mágica: “un momento, por favor”. Ellos dicen “sí, claro”, y tú dejas el teléfono descolgado indefinidadamente, es decir, hasta que oyes el bip bip que denota que se han hartado y han colgado. ¡Fastuoso, lo he probado!

 

Hoy va de empresas que no saben escribir, ni traducir… me pregunto si saben fabricar, vender, distribuir…: SANYTOL, LA NUEVA DESINFECCIÓN SIN LEJÍA, a toda página, en color, en El País Semanal. El texto del creativo publicitario: Todo lo que pisas fuera de casa, lo entras en casa. ¡Ale! La gramática a tomar viento… ¿Es que no conocen el verbo meter? ¡Pero si es de los facilitos!

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.