Senderos de lágrimas

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(Se sugiere a los lectores de este artículo, leerlo, oyendo al tiempo la música de Amazing Grace, interpretada por Elvis Presley, cuyo enlace se ofrece en rojo desde esta página. Aunque en principio, parezca muy triste, reconforta y tonifica, si se escucha continuadamente.)

 

El curso de la Historia parece forjarse a golpes sobre las cabezas de sus protagonistas.
Desde el Renacimiento consideramos al Hombre el centro del mundo y por tanto de la Historia, cuando en realidad no ha dejado de ser su víctima desde el comienzo de los tiempos.

 

La expresión Sendero de lágrimas (“Trail of tears” en inglés) fue acuñada en Estados Unidos para describir el éxodo forzoso al que fueron sometidos los indios aborígenes, en la limpieza de tierras que los independizados colonos les impusieron entre 1830 y 1838. Los cherokees -entre otros pueblos indios- debían abandonar sus tierras en la Carolinas, la Florida, la Luisiana, Georgia, Tennessee…,  para trasladarse a los nuevos territorios asignados por el gobierno al otro lado del río Missisippi. No querían convivir con indígenas en sus neófitos Estados blancos. La Nación Cherokee, que se encontraba entre las mal llamadas Cinco tribus civilizadas (junto a los Chickasaw, los Choctaw, los Creek, y los Seminola,)  se negó a aceptar la permuta de su territorio de origen por otras tierras desconocidas, donde habrían de perder sus raíces. Finalmente, la presión, el acorralamiento, y el internamiento en campos de concentración, que realizaron las tropas federales contra 17.000 cherokees, pusieron en marcha este fantasmal cortejo, en el que perecieron más de 4.000 indios. En la actualidad, el Sendero de lágrimas es una ruta turística que atraviesa 9 Estados, y que abarca más de 3.500 kilómetros de viaje, hasta terminar en la actual Oklahoma, última patria india, que consiguió añadirse a la Unión en 1907, como el 46º Estado norteamericano.

 

Parece ser que el mayor motivo de las pérdidas humanas indígenas se debió a la disentería que reinaba en los campos de concentración, y que posteriormente se instaló en el interior de los trenes en los que muchos de ellos fueron trasladados. Los cherokees solicitaron aplazar la deportación a fechas menos calurosas, que impidieran el florecimiento de tantas infecciones, a la vez que pidieron ser ellos mismos quiénes dirigieran la operación de traslado; algo que les fue concedido, y que supuso la pérdida de menos seres humanos. En grupos de mil se producían diariamente los desplazamientos en el otoño de 1838. Entre la multitud se veían aflorar las lágrimas de los más viejos, camino del exilio forzoso. Entre los más jóvenes se impuso cantar, para mantener alta la moral. El himno litúrgico de los cristianos norteamericanos Amazing Grace, (Sublime Gracia) se convirtió -traducido a la lengua cherokee– en el himno de la marcha. En 2004 un senador republicano del Estado de Kansas solicitó formalmente al Senado de los Estados Unidos, la petición de disculpas históricas a las poblaciones nativas, por los daños ocasionados por tan luctuosos hechos. La petición sigue esperando en 2010, la resolución adoptada por el Senado norteamericano.

 

Pueblos sin territorio
No estamos exentos de culpa el resto de los países en la forja de nuestra Historia. Si el río Guadalquivir tuviera memoria, aún recordaría la escena en los muelles de Córdoba, ante la inminente partida de las naves cargadas de musulmanes cordobeses con destino forzoso a Marruecos. Las lágrimas vertidas por tantos ojos reflejaban la luz de las antorchas, tanto en tierra como en cubierta. Los llantos, los lamentos, los nombres gritados por última vez desgarraban la noche, cuando los barcos abandonaban a oscuras el puerto, por el río silencioso; como con vergüenza de lo que estaba sucediendo. Los andalusíes han guardado durante siglos las llaves de sus casas y las escrituras de sus tierras, con la esperanza de algún día poder recuperarlas; aún siguen intentando conseguir un reconocimiento de su deuda.

 

Tampoco ignoran este sentimiento los hindúes musulmanes que tras la Independencia de Inglaterra, tuvieron que dejar sus tierras, para asentarse en el nuevo Estado de Pakistán; y viceversa: los hinduistas que allí vivían, se vieron forzados a trasladarse a otras tierras ajenas en India. El asesino de Gandhi confesó que lo había matado, por no haber hecho lo suficiente por impedir la masacre de la segregación, que sufrieron tantos miles de hindúes en el inhumano trasvase.

 

Históricamente, el pueblo judío ha sabido mucho del dolor de esta itinerancia forzosa; el gitano, sigue sufriéndolo.

 

Las deportaciones y las masacres étnicas han sido las tristes protagonistas en la Guerra de los Balcanes. El genocidio perpetrado por los serbios contra los musulmanes bosnios de Srebrenica produjo 8.373 muertos, el mayor exterminio colectivo ejecutado en Europa tras la II Gran Guerra. Y todo por no compartir la raza, ni creer en Dios de la misma manera.

 

Los griegos pontios, en las costas sureñas del Mar Negro, (la antigua Cólquida de Medea), pervivieron como griegos gracias a su Imperio medieval de Trebisonda, y como griegos permanecieron tras la conquista turca en el S. XV. En 1922, el Sultán turco decidió expulsarlos definitivamente, siendo repatriados a Grecia, atravesando su particular navegación de lágrimas. Unos se instalaron en Tracia, otros en Macedonia, para terminar desembocando años después en Atenas. Tres generaciones más tarde, sus descendientes siguen sintiéndose pontios, y añoran su tierra perdida con tristeza melancólica; atrás dejaron a sus muertos.

 

Las guerras reajustan las fronteras de las naciones, y al final lo terminan siempre pagando los pueblos. Qué poco honra la historia oficial la memoria del sufrimiento de sus más íntimos y particulares vástagos. La tragedia de los armenios, de los pontios, de los andalusíes, de los saharauis, de los pieles rojas… gente sin tierra, nación o territorio, se transmite casi boca a boca. Desde la experiencia y la memoria individual y el apostolado voluntarista, a través de la literatura, de ciertas películas, revistas, páginas de Internet, o asociaciones ciudadanas, pero casi siempre a espaldas del Estado y sus organismos oficiales.

 

¿Cuántos Senderos de lágrimas se siguen sufriendo en estos tiempos, sin que lleguemos a saberlo? Probablemente muchos más de los que nos informan. Brindamos este blog como Mirador de la Memoria, a cualquier hipotético lector, en conocimiento de hechos tan lamentables, a comunicárnoslo, para difundirlo, y sobre todo compartirlo y condenarlo, recordándolo.

 

 

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