Ser gaviota

0
404

 

Foto tomada por la autora de este blog, acantilados de Tenerife, diciembre del año 2009.

 

Tiembla al soñar, y al elevarte, vuela.

Aprovecha el impulso del viento, 

juega con las olas y, de vez en vez, no pierdas de vista al horizonte.

 

La noche, si es despejada, concede un privilegio:

deleitarse con una cara de la luna, espejo crepuscular.

La noche, si es nublada, dibuja impresiones oscuras:

ante el miedo, imagina estrellas lejanas, placenteras.

 

Tiembla al pensar que esto no es más que un vuelo pasajero,

pero repleto de luces de colores y, a veces, de variopintas nubes.

Recuerda que para volar es necesario alzar el vuelo,

y para dejar de temblar, abrir las alas y moverlas.

 

Después, sigue y sigue al compás del aire,

sin olvidar que, muchas veces, volarás contracorriente.

Sigue y sigue el balance de los fuertes vientos,

sin olvidar que, muchas veces, no serás más que uno entre muchos,

sigue y sigue el revuelo volandero,

sin olvidar que, también, has de aprender a intuir otros vuelos.

 

Entre la tierra y el mar, el cielo y las estrellas,

aún siendo nómada y viajero,

no sólo existe un lugar donde anidar,

pero sí sólo uno hacia dónde mirar.

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.