¿Será la estupidez occidental?

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En los grandes debates sobre propiedad intelectual jamás se cuestionan a quién pertenece la estupidez. Algunos días creo saber la respuesta.

 

Para determinarla miro a mi alrededor y mesuro la importancia que se le da a las estupideces. Es mi vara de medir. Y en estos días se siguen publicando supuestas ‘noticias’ o ‘reportajes’ para desmentir o para apuntalar la teoría del fin del mundo para este próximo 21 de diciembre. Yo me había prometido no escribir sobre esta estupidez, pero creo que es la prueba del algodón de que la propiedad intelectual de la misma es de Occidente.

 

El ser occidental, en general vacío, ombliguista, condenado al ‘desarrollo’, al aburrimiento, a los psicólogos y a la estéril búsqueda de la felicidad en el exterior, gusta de teorías apocalípticas. Imagino yo que, acostumbrados a vivir en el miedo, no sabemos relajarnos como para respirar, vivir, amar, sonreír, llorar, morir sin tanta alharaca ni frustración primermundista.

 

Ya llegan a Centroamérica hordas de turistas dispuestas a quemarse las pestañas en este final planificado. Y no quedarán decepcionados. Para el turista siempre está listo el show el que desea ver, con tipos en taparrabos con plumas de jaguar made in China para que, al regresar a casa, el viajero pueda mostrar las nítidas fotos del fin del mundo a los familiares que seguirán viviendo a pesar de su deseo nihilista.

 

No, no voy a explicarles que es un b’akún, ni cómo funcionan los calendarios mayas. Ni pienso hablarles del nuevo ciclo. Paso, me parecería vergonzoso por mi parte.

 

No me resisto, sin embargo, a decirles que la estupidez occidental parte del desprecio de lo ajeno. Lo que no es occidental –y el propio término Occidente ya supone un uso torticero de la geografía- es esotérico; lo que no se pare en universidades del Norte es magia; los mayas, ya saben, debían ser una mano de enfermos diabólicos que hacían sus calendarios mientras asaban a la parrilla a su siguiente sacrificio humano, pero, hoy día, el Papa de los católicos occidentales, así tan disfrazado como suele aparecer, puede twitear estupideces que será noticia de primera página de los portales eurooccidentales…. Tan listos estos occidentales y, a veces -sólo a veces pero durante muchos siglos-, parecemos estúpidos. Igual es que lo somos. En fin, me perdonan el desahogo…

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.