Sin escribir

0
275

Me gustaría que algún día leyeras un reportaje sobre cementerios que son, paradoja, lugares llenos de vida. De los sugestivos camposantos –y campoateos– gallegos a la mole madrileña de La Almudena. Una larga crónica sobre el acordeón, que es con frecuencia un instrumento con cierto desprestigio. ¿Por qué?

 

 

Me gustaría que algún día leyeras un reportaje sobre cementerios que son, paradoja, lugares llenos de vida. De los sugestivos camposantos –y campoateos– gallegos a la mole madrileña de La Almudena. Una larga crónica sobre el acordeón, que es a veces –percibo– un instrumento como desprestigiado. ¿Por qué? También quizá otra sobre el bigote. Pero antes deberías leer el relato de una esquina a dos manos o la narración de la narración del crimen de Asunta. Después vendría una crónica del concurso del carnaval de Cádiz sin tópicos, pero con tripas. Y tal vez las historias de quienes sobrevivieron el 24 de julio de 2013 y de la barriada del descarrilamiento al margen de la tragedia, sin la caricaturización que de los vecinos hicimos los periodistas. Una exhaustiva y emocionada –aunque me hayan advertido que desde la emoción no es recomendable escribir– crónica de la Semana Santa salmantina con pastas de libro y otra sobre José Luis Martín Descalzo. Todas estas historias algún día las querría escribir. Y así podrías leerlas. Pero antes hay mucho que leer con los pies en el suelo.