Singularia Tantum

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Singulares, siempre singulares, como algunos habitantes de Malabo, la capital de la monarquía republicana de Guinea Ecuatorial. Estos habitantes, que son las personas de autoridad, ven siempre las cosas de un solo color. Como el país está desarrollado, las carreteras están bien, las escuelas se van haciendo, los aeropuertos están de maravilla y el parlamento, que no veas. De hecho, hace poco inauguraron la sede del Parlamento de la CEMAC, y nos gustaría saber a qué se dedicaría, teniendo en cuenta el grado de democracia de África Central.

 

Acá la singularidad de los que nos mandan es tal que entran en contradicciones de manera pasmosa. Ayer un licenciado en Filosofía le preguntó a un alto funcionario del Ministerio de Cultura si la literatura de Guinea estaba en buenas manos. Para empezar, habría que preguntarle al filósofo por qué dicha literatura debía estar en mano alguna. Total, el alto funcionario dijo que sí, que estaba bien encarrilada. ¿En qué carril?, había que preguntarle. Nosotros que vivimos aquí no recordamos que ninguna institución de Guinea haya publicado algún libro de escritor nativo en 10 años. No recordamos que haya asistido ningún escritor a ningún evento organizado por las autoridades en los últimos 5 años. Hace poco una delegación gubernamental asistió a un festival cultural en Argelia y se llevó ¡un libro del presidente- general Obiang para mostrarlo con orgullo! No es que el presidente escribiera mal, pero sabemos que los funcionarios que formaban parte de la delegación ¡ya llevaban la foto del presidente en la solapa de sus chaquetas! ¿Para qué más, pudiendo llevar la obra traducida de un artista que pudiera hablar mejor de la Guinea?

 

Singularmente, se llevaron la del general y se quedaron tan ufanos. Claro, ¿cuál iban a llevar? Y es que en estos años se llenan la boca de palabras elogiosas hacia los  libros de Rosendo Elá, un maestro de escuela al ahora llaman alternativamente “escritor” o “historiador”. La información que tenemos es que ese hombre, ya anciano, fue un maestro, y ahora la desidia de los que mandan lo quiere convertir en el salvador cultural de este país. El viejo para todo. Y es que está claro que se necesita cierta preparación y contar con cierta colaboración para acometer obras de cierta envergadura. Cualquier maestro no podría ejercer de historiador, por más local que fuera el alcance de su obra, y tampoco alegrar los oídos porque lo llaman escritor. Y bien claro podría ser escritor, toda vez que la escritura creativa es un campo siempre virgen necesitado de sembradores.

 

¿Y sabe alguien por qué los verdaderos historiadores no serían bien recibidos  ni serían invitados a la redacción de nuestra historia? Porque no omitirían los hechos protagonizados por algunos parlamentarios de la CEMAC, y otros grandes jefes de ahora,  cuando eran jóvenes y aquí en Guinea cualquiera podía cometer barbaridades sin que le pidan la cuenta.

 

La singularidad guineana sostiene el hecho de que todos los intelectuales entrecomillados que han subido al estrado o han tomado la palabra en un evento relacionado con algún libro han hablado del poco ejercicio lector de los habitantes de la república hecha a la medida de ellos. Efectivamente, dicen por sus labios que en Guinea nadie lee, pero no dicen que hay analfabetos. La gente se gastaría el dinero en cervezas, pero no en algo para leer. De hecho, nadie lee en este país, dicen los arriba mencionados. Pero es una forma muy rústica de hacer demagogia, pues en este asunto se podría empezar haciendo el recuento de las personas mayores de edad que todavía no habían aprendido a leer. La demagogia persiste cuando se constata el grado de abandono de las escuelas e institutos públicos. Los señores dicen con cara de desprecio que nadie lee en este país, mientras ellos viven a dos pasos de unas escuelas en las que no matricularían a sus niños de ningún modo. Todos los que son algo en este lugar tienen a sus hijos en colegios de todo el mundo menos en los de su país. No importan las consecuencias de esa separación familiar, a los hijos hay que matricularlos en colegios que lo sean. Si esta praxis se justifica, ¿qué sentido tiene hablar de la poca capacidad lectora del resto de los habitantes, habida cuenta la leonina repartición de la riqueza nacional? ¿Por qué unos niños deberían aprender a leer por su cuenta y otros hacerlo en los mejores colegios de otros países? ¿Es justo pedir eso? Pues la demagogia se descubre, ya que cualquier persona inocente podría preguntar si tantas escuelas arruinadas y vacías de profesores podrían contribuir al aumento de la masa lectora de Guinea. ¿Tienen las escuelas algo que ver con la ausencia de lectores? No, según el declarar de los íntelos, pues cuando pudieron ya dejaron dicho que aquí todo iba bien, hay desarrollo, escuelas hospitales mercados carreteras viviendas dignas agua potable electricidad para las casa, todo iba bien. Si se viera la necesidad de decir lo contrario, se evitaría, para no merecer la ira del que manda en este lugar.

 

Siguieron en su cerril y mendaz actitud hasta que unos ciudadanos sencillos, con el dinero de la antigua potencia colonial, organizaron la primera feria de libros de Malabo. Los del pensamiento único siguieron en su actitud mendaz e ignoraron las cifras de compra en la mencionada feria y de las visitas. Ahora necesitamos decirles, para que se sacudan el autoengaño, que hace tres días que por la II Feria del libro pasaron miles de personas, y que por la caja de la mesa del centro cultural entraron el dinero depositado por unas 500 personas que así saciaban su sed de lectura, pese a que las estadísticas orales de los íntelos arroja cifras estremecedoras de iletralidad. Estos libros irán a envolver frituras diversas, dirían los mismos. Qué más da. ¿La disponibilidad de los libros, de cualquier tema, no  es una oportunidad para empezar a revertir la anterior situación escolar y empezar a desmontar las mentiras cosidas en torno a ella? Los que mandan no quieren ver. Pero quien quiera puede preguntar donde debe para informarse de la intensa actividad adquisitiva de la feria.  Cuando lo haga, tendrá más elementos de juicio a la hora de enfrentarse a los encumbrados intelectuales sostenidos por el régimen al que dolosamente sostienen.

 

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.