Sobre el caso Trayvon Martin

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Florida. 26 de febrero. Tarde lluviosa. Trayvon Martin, un adolescente afroamericano de 17 años, es asesinado de camino a casa de la novia de su padre por George Zimmerman, un vigilante de origen hispano. Zimmerman hace una llamada a la policía a las 7 de la tarde, alegando un comportamiento sospechoso de un joven en la urbanización: «Este chico no parece bueno, debe de estar metido en drogas o algo». Trayvon llevaba una capucha puesta y parecía tener algo en la mano, dice el vigilante por teléfono. El miedo de Zimmerman se salda con un disparo y la muerte de este joven. No hay imágenes de los hechos. ¿Pruebas fidedignas que le exculpen? Ninguna. Zimmerman, en su arresto, asegura haber actuado en defensa propia. Pocas horas más tarde, es liberado. Comienza la polémica. ¿A favor o en contra de Zimmerman? La comunidad afroamericana reacciona pocas semanas después en apoyo a Trayvon. «Yo podría ser el próximo Trayvon, tengo 17 años, soy estudiante y de raza negra», dice un joven en una protesta en Florida. El HuffingtonPost subraya que Zimmerman también es hijo de inmigrantes, de madre latinoamericana y padre norteamericano. ¿Latino o hispánico? La cuestión racial a examen.

 

El caso de Trayvon Martin, un adolescente de color y desarmado ha reabierto las heridas raciales en Estados Unidos, un país caracterizado por su idiosincrasia de razas. El caso Trayvon ha generado también un intenso debate sobre la ley del control de armas que existe en Florida, popularmente conocida como «dispare primero, pregunte después». A principios de marzo, los padres del joven, consternados, reclaman un cambio en la ley de control de armas. Aprovechan la web Change.org y consiguen más de dos millones de firmas para anular o modificar este tipo de leyes. Una petición a la que se suma el propio presidente Obama.

 

El caso Trayvon también desencadena un increíble efecto en las noticias de todo el país. Social Media como Twitter y algunos blogs fueron los primeros en hacerse eco del suceso para reclamar la justicia de este caso. Semanas posteriores, es el resto de los medios tradicionales quienes le otorgan un interés de agenda prioritario, informa el Pew Research Center. La muerte de Trayvon aparece cada día en los telediarios nacionales. Después de un mes del suceso, la muerte de Trayvon llega a superar el interés de los medios por la carrera política de las presidenciales. Obama también se pronuncia y no deja lugar a dudas: «Si yo tuviera un hijo, se parecería a Trayvon. Solo puedo imaginar por lo que sus padres están pasando y cuando pienso en este chico, pienso en mis propios hijos». Y en medio de todo este embrollo, una estudiante de periodismo, de la plantilla del The Daily Texan, Stephanie Eisner, publica una desafortunada viñeta, que provocará numerosos comentarios en la UT y en los medios de comunicación nacionales, de la que tendrá que justificar posteriormente que «no es racista» y que lamenta profundamente su ambigüedad.

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.