Sobre rostros y miradas (VII): basta con mirarse y saberse

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“Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaban los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad”.

 

Esto es lo que escribió Miguel Delibes sobre su mujer, como nos contaba Guillermo Rivas en un antiguo texto de FronteraD. Decía un poeta que el amor “es la fiesta de tus ojos cuando me celebran”. Eso era lo que les sucedía a Miguel Delibes y Ángeles de Castro. Probablemente ambos sabían que también se miraban a través de sus brazos y, allí, descubrían que era el lugar donde siempre habían querido estar. La razón está del lado de Franz Hessel cuando aseguraba que “solo vemos lo que nos mira”. El amor se construye con miradas y caricias. Son las mejores palabras de una pareja enamorada. Según leí hace un tiempo en náhualt, la lengua de los aztecas, existe una palabra que se podría definir como una “conversación carnal”. El lenguaje de la carne, de las caricias. Ambos, con las manos entrelazadas paseando por una ciudad, hablando con sus cuerpos y sus miradas, siempre con cariño y ternura.

 

Me parece que hubo un tiempo en el que no estuvo de moda hablar del amor. Era un tabú, que sustituíamos con la banalización del sexo en la era del amor líquido, que señalaba Zygmunt Bauman. Los vínculos afectivos cada vez se han ido debilitando, aunque tampoco debamos ser demasiado apocalípticos en este caso. Eso sí, si uno mira a su alrededor descubre que muchos consideran que una “relación sólida” es un peligro para su autonomía personal. Pedimos menos y nos conformamos con menos. Probablemente no sea una novedad a lo largo de la historia, ni mis impresiones se asienten en firmes credenciales sociológicas, pero esta creencia se ha ido expandido en nuestra sociedad y no entiende de edades ni género. O quizá sí. Hace unos días escuchaba que nueve de cada 10 jóvenes no tolera la infidelidad. Fue una sorpresa y enseguida me hizo pensar en Miguel Delibes y Ángeles de Castro. 

 

Y hablando de estos temas, aunque no suene demasiado moderno, me encanta un pasaje de Tertuliano (s. II) en el que habla de la pareja cristiana:

 

“¡Qué pareja la de dos cristianos unidos por una sola esperanza, una solo deseo, una sola norma de vida, por el mismo servicio! Los dos hermanos, los dos compañeros de servicio; ninguna división ni en el espíritu ni en la carne”.

Joseba Louzao nació en Bilbao en 1983. Es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco (UPV) y en la actualidad es profesor en el Centro Universitario Cardenal Cisneros (Universidad de Alcalá de Henares).
Está especializado en historia de las religiones y es autor del libro Soldados de la fe o amantes del progreso. Catolicismo y modernidad en Vizcaya (1890-1923) (Genueve Ediciones) y, como coordinador, de La restauración social católica en el primer franquismo, 1939-1953 (Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares). Este blog será su particular maleta preparada, porque el pasado siempre es un país extraño.