Sobre una película llamada «The Road»

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Tengo que confesar que no he leído el libro de Cormac McCarthy en que está basada la película. No sé si lo leeré. No soy un gran fan de Cormac McCarthy, aunque me interesa lo que dice de él Michael Chabon que, sospecho, le admira más que le ama. La tesis de Chabon es que todas esas narraciones de McCarthy sobre el oeste y la frontera son en realidad ciencia ficción disfrazada, historias que no tienen lugar en un pasado más o menos mítico (el siglo XIX de Meridiano de sangre, por ejemplo) sino en el futuro, en un paisaje post holocausto nuclear. Como para dar la razón al crítico, McCarthy nos entrega en The Road precisamente una novela de ciencia ficción que describe un mundo posterior a un holocausto nuclear o climático en el que toda la vida en la tierra ha muerto.

 

Me gustaría decir una cosa, sólo una, a propósito de The Road y, en general, sobre las películas y las narraciones del estilo horriblemente macabro que ahora está tan de moda. Y es que la película The Road es tan horriblemente desagradable, tan deprimente y tan espantosa que yo preferiría no haberla visto. No sé si es la película más horrenda y macabra que he visto nunca. Es posible que lo sea. Desearía que las horribles imágenes y las horribles situaciones que se plantean en la película nunca hubieran entrado en mi conciencia, donde dejarán un residuo de horror, de miedo y de suciedad. Pero eso ya no tiene remedio.

 

La cosa que me gustaría decir al respecto es que aunque yo piense que The Road es una película horriblemente desagradable, quizá la más desgradable que he visto en mi vida, eso no quiere decir que piense que es una película mala. Que una película o un cuadro o una novela sean desagradables no quiere decir que sean malas. Esto es evidente.

 

Se puede argumentar que una obra de arte no es sólo una construcción formal como creían los formalistas rusos de principios del siglo XX (no, ni siquiera ellos creían esa simpleza) o como quizá quiso creer que creía cierta crítica francesa de rango nietzscheano allá por los sesenta y los setenta. ¿Podría considerarse «buena» una película que incitara a la matanza de judíos o que incitara a la violación de menores aunque estuviera muy buen dirigida, fotografiada, montada e interpretada? La cuestión es complicada, y no pretendemos resolverla aquí.

 

El hecho es que hay muchas obras de arte que son repugnantes, o que fueron consideradas repugnantes en su tiempo, y cuya alta calidad artística nadie discute. Pensemos en Saturno devorando a su hijo de Goya o en Tito Andrónico de Shakespeare, por ejemplo. Uno de los grandes proyectos estéticos del modernismo del siglo XX fue, como bien sabemos, incorporar lo desagradable, lo feo, lo deforme, al discurso de la alta cultura.

 

No, decir de algo que es horrible, desagradable, morboso (los adjetivos que se usaron con Oscar Wilde, con Baudelaire y con tantos otros) no puede suponer un juicio estético. Pero precisamente por eso (y esto es lo que quería decir), precisamente porque es absurdo decir que una obra de arte es mala porque es morbosa, igualmente absurdo es decir que es buena porque es morbosa.

 

Suponer que el carácter macabro y repugnante de una obra es un valor estético es un pensamiento tan extraño como el opuesto. Sin embargo, compruebo una y otra vez que este carácter horrible y repugnante es uno de los factores que más se valoran últimamente en las obras de arte. Hoy en día se considera que la calidad de una película o una novela depende de su capacidad para horrorizar y asquear.

 

Yo no acabo de entenderlo. 

Madrid, 1961. Escritor. Estudió Filología Española en la Universidad Autónoma de Madrid y piano en el conservatorio. Fue pianista de jazz y profesor de español. Vivió en Nueva York durante unos cuantos años y en la actualidad reside en Madrid con su mujer y sus dos hijos. Es autor de las novelas La música del mundo, El mundo en la Era de Varick, La sombra del pajaro lira, El parque prohibido y Memorias de un hombre de madera y del libro de cuentos El perfume del cardamomo. Ganó el premio Bartolomé March por su labor como crítico literario. Ha sido además crítico de música clásica del diario ABC, en cuyo suplemento cultural escribe desde hace varios años su columna Comunicados de la tortuga celeste. Su ópera Dulcinea se estrenó en el Teatro Real en 2006. Acaba de terminar una novela titulada La lluvia de los inocentes.

4 COMENTARIOS

  1. A mí me pasa al revés: Sí he

    A mí me pasa al revés: Sí he leído el libro pero no he visto la película. El libro en efecto es triste, tristísimo. Además McCarthy consigue que nos encariñemos con personajes a los que luego liquida de manera horrible.

    Recuerdo haber participado en una tertulia sobre la obra, y a todo el mundo le gustó más que a mí. No sé decir si es una gran obra.

    En cuanto a películas repugnantes, recuerdo dos que he visto en los últimos años: Una rumana que alcanzó cierto renombre: «Cuatro meses, tres semanas y dos días», auténticamente emética, repugnante en todos los aspectos, aunque creo que era una buena película. La segunda es de Hanecke: La pianista. Recuerdo que tenía escenas de una crueldad insoportable. Para colmo, Isabelle Huppert componía un personaje verdaderamente trastornado y cruel. Tengo entendido que la obra correspondiente de Jelinek es abominable.

    Pienso que es mejor poner la cabeza y el tiempo en otro tipo de cosas. Además, no pocos autores han conseguido levantar obras impresionantes a partir de sucesos terribles. Hay un autor por el que siento gran admiración: Bohumil Hrabal. Consigue algo insólito: que nos partamos de risa por su peculiarísimo modo de contar historias espantosas, como la invasión nazi de su país. Destaco Trenes rigurosamente vigilados y Yo que he servido al rey de Inglaterra. Es un autor muy rabelaisiano. 

    • No he leído a Hrabal. Pero

      No he leído a Hrabal. Pero aprovecho tu recomendación. Recuerdo que vi la película Trenes rigurosamente vigilados hace años y me gustó mucho. Sobre McCarthy yo no sabría qué opinar. Me parece que es un autor menor, un efectista. Pero levanta tales pasiones. Creo que muchos lo leen como una especie de última encarnaciónde  Faulkner.

      • Tengo entendido que la

        Tengo entendido que la adaptación de TRV la realizó el propio Hrabal y recibió cierto Oscar (no sé si la peli o qué).

        McCarthy: necesitaría leerlo más para pronunciarme. En concreto La carretera es un libro correcto en lo formal. Me da la impresión de que este hombre intenta valerse de símbolos. Ejemplo: recuerdo que en cierta ocasión los buenos llevan antorchas. Aquello podría fomentar que pensemos que se trata de una antorcha que simboliza la racionalidad, o algo así.

  2. ¿Le pagan a usted por palabra

    ¿Le pagan a usted por palabra don Álvaro?

    Sobre un libro llamado Lolita, a ver si dejamos de plagiar los títulos al maestro y nos ponemos serios. Intentaré un superficial análisis (como mío) basado libremente en la lógica difusa más elemental.

    A tal fin denominamos Si a la obra agradable, Ni a la desagradable, SiSi a la agradable y artística, SiNi a la agradable no artística, NiSi a la desagradable artística y NiNi a la desagradable no artística. Por supuesto el modelo está tomado de las leyes de Mendel.

    El 92% de las examinadas serían NiNi (ya recordarán a Cánovas Cervantes que ni como escritor era cervantes ni como político cánovas), luego hay un 5% de SiNi (decoración, ilustración, ambient..), un 2% de NiSi porque en efecto lo gore goza de cierto prestigio, sobre todo por anticristiano y el residuo restante de SiSi (Emperatriz).

    Claro que Nisi Dominus….etc

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