Soft Power, Hard News

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Soft Power, Hard news. El canal 4 de la BBC tituló así un especial sobre la difusión de canales internacionales patrocinados por países que, hasta hace unos años, debían conformarse con recibir la información a través medios de comunicación implantados en las potencias occidentales. El titular aprovechaba el juego de palabras entre el término soft power (literalmente poder blando, acuñado por el politólogo Joseph Nye para distinguirlo del hard power, de naturaleza militar) y la expresión hard news (literalmente “noticias duras”, pero cuyo significado exacto es noticias relevantes).

 

El especial de la BBC explica cómo muchos países han optado por crear medios de noticias internacionales con la intención de contrarrestar la visión, cada vez más esquemática, que ofrecen los medios occidentales sobre países y regiones del planeta en los que están en juego intereses económicos y políticos de cierta entidad. Canales de noticias en inglés como Al Jazeera (catarí), Press TV (iraní) o Russia Today se han consolidado, con distintos grados de credibilidad, como alternativas informativas a la propia BBC, la Voice of America o a la CNN.

 

Rusia no se ha limitado a financiar canales televisivos afines al régimen y ofrece además suplementos de noticias que se distribuyen con algunos de los principales diarios mundiales: El País en España, La Repubblica en Italia, Le Figaro en Francia o The New York Times y The Washington Post en EEUU, por citar sólo algunos. En sus distintas versiones, Rusia Hoy es un ejemplo casi perfecto de cómo confeccionar noticias más o menos propagandísticas haciéndolas pasar por información. Efecto que se refuerza al ir dentro de prestigiosos diarios que, hasta prueba en contrario, se dedican al negocio de la información independiente: en otras palabras, lo opuesto -en teoría- a lo que ofrece Rusia Hoy.

 

China, país-imperio con una inigualable capacidad de aprendizaje a la hora de reciclar experiencias ajenas, se ha sumado también a la lucha por aumentar su cuota de poder blando informativo. Gracias a una considerable inversión (pública), está llevando a cabo una gran tarea de actualización de sus medios propagandísticos con proyección exterior: mejorando por una parte las versiones en inglés de sus medios nacionales y ampliando su red de canales internacionales.

 

Para mejorar la presentación y redacción de las versiones inglesas de sus medios nacionales -como China Daily, en sus versiones europea y estadounidense– los medios chinos llevan ya algún tiempo utilizando los servicios de periodistas europeos y estadounidenses. La crisis global en la que están sumidos los medios occidentales -cierre de periódicos, salarios infames, precariedad creciente- está facilitando la labor de contratación de buenos profesionales que consideran su trabajo en China como un mal menor comparado con la situación laboral en sus países.

 

En un artículo publicado en un diario alemán a comienzos de este año, se recogían declaraciones de algunos de estos periodistas occidentales que están trabajando para algunas de las cabeceras chinas que cuentan con versiones en inglés. Algunos declaraban que para ellos la censura que sufren cada día en el trabajo “no resulta particularmente frustrante”. A fin de cuentas, ya sabían quién les contrataba. Otros, sin embargo, afirman que fueron contratados con promesas de que se iría produciendo una apertura progresiva de los medios chinos y se muestran desencantados: los cambios que se han producido han sido para peor. Ni siquiera las redes sociales se han librado de esa frustrada apariencia de cambio que se vivía hace unos años. Una de las grandes esperanzas aperturistas chinas, la versión china de Twitter llamada Weibo se encuentra cada día más sometida a la censura: se habían alcanzado cotas de libertad intolerables para las autoridades chinas.

 

La labor de estos periodistas occidentales ha mejorado ya algunas de las tendencias propagandísticas más descaradas de los medios chinos: como dice un periodista europeo, hasta hace no demasiado no era infrecuente encontrarse con titulares ideológicos y con el uso de dos signos de exclamación finales para reforzar determinados mensajes.

 

Por lo que respecta a la deslocalización de los medios chinos, resulta especialmente relevante la labor de la televisión central china (conocida por sus siglas en inglés CCTV) para ofrecer servicios que lleguen a los espectadores de regiones en los que China tiene a menudo intereses contrapuestos a los de Occidente. En 2009 se abría un canal chino de noticias en árabe con un público potencial de 300 millones de espectadores. El canal se sumaba así a las emisiones de la CCTV en inglés, francés, español y chino.

 

                                                                               Ilustración de Carmen Vilar


A mediados de enero de 2012, tras seis meses de pruebas, comenzaban las emisiones del canal africano de la CCTV. Con base en Kenya, el canal chino de noticias tratará de ganarse las mentes y los corazones de los espectadores africanos con emisiones en francés y en inglés que informen sobre la actualidad africana. Muchas informaciones afirman que el canal chino ya se ha ganado los corazones -algo que, a buen seguro, ayudará a ganar contratos- de los líderes africanos: los dirigentes de la cadena china habrían mantenido reuniones con varios dirigentes africanos para preguntarles de qué se puede hablar y en qué términos.

 

En la moderna sede de la CCTV en Kenya trabaja una reducida escuadra de jóvenes periodistas chinos (la idea es contar pronto con unos cien corresponsales en todo el continente). Muchos de ellos ni siquiera habían salido de Pekín antes de viajar a Kenya. Algunos confiesan su sorpresa por la rápida conexión a Internet de la que disponen en las nuevas oficinas y por la posibilidad que tienen, inédita hasta su llegada a Kenya debido a la eficiente censura china, de entrar en sitios como el de la BBC inglesa.

 

Se ha señalado que esta nueva generación de periodistas chinos expatriados puede llegar a cambiar, lentamente, el modo en el que se confeccionan las noticias en el país asiático: redacciones como las de Kenya se encuentran lejos del severo escrutinio de los centros de control con base en Pekín, una distancia que podría facilitar un cierto margen de maniobra a la hora de desviarse de los dogmas políticos sin sufrir por ello los latigazos de la censura. Ojalá que estos jóvenes periodistas puedan construir en un futuro algo así como un Caballo de Troya informativo. De momento, son sólo aplicados funcionarios.