Soledades aprendidas

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Soledad es que no me dejen ser lo que soy todas las horas del día; que no pueda ganarme la vida (expresión desoladora) con aquello que mejor hago; que me insistan en madurar a base de conformismo. Ese tipo de apatía me destruye con precisión de tortura.

 

Me siento sola cuando tengo ausencia de mí pero no de ti. La ausencia del otro es puramente circunstancial y en gran medida gozosa. Me permite echarle de menos, tomar distancia, estar conmigo, salir de él. Cuando tengo ausencia de mí no soporto el mundo que contiene al resto sin reflexión y dedico las horas a arbitrar el pensamiento que se debate entre el ansiado exilio y la forzosa necesidad de otros a veces.

 

Soledad es que no me dejen ser lo que soy todas las horas del día; que no pueda ganarme la vida (expresión desoladora) con aquello que mejor hago; que me insistan en madurar a base de conformismo. Ese tipo de apatía me destruye con precisión de tortura.

 

También desarropa que le den a una la razón sin apoyo o sin creencia, y es aún peor el frío cuando el respaldo se reduce a un conveniente silencio que busca cómplice en alguna excusa. En cambio, cuando todos desaparecen indolentes yo no me siento sola; lo estoy. Y es en esa certeza donde encuentro regocijo al saber que continúo tal y como vine y como tengo intención de marcharme. A solas. Confiando en que mi presencia haya servido de algo a quien sea.

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Clara G. Pariente (Madrid, 1982).Periodista y escritora, ha publicado en medios digitales, trabajado como guionista teatral y redactora freelance. Como escritora estuvo inicialmente centrada en el ámbito de la poesía. En la actualidad reparte su tiempo entre la literatura (novela, cuento, poesía y relato corto), el periodismo y diversos proyectos socioeducativos vinculados al mundo de la información y de los libros.