Sólo viene a ver a una de las chicas

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Tania ha vuelto igual que los difuntos el día de su víspera. No sabe si es “una aparición o, algo más probable, y más alarmante, una mujer viva habitada por una bruja” que viene para celebrar otro aquelarre, como si no se tuvieran ya bastantes...

 

Uno ha puesto la televisión esta mañana y la ha visto. Inmediatamente ha recordado el cuento de Edith Wharton, Día de difuntos, y se ha sentido como la pobre Sarah Clayburn. Tania Sánchez es esa mujer desconocida que la protagonista se encontró la víspera del día de difuntos en el camino a Whitegates, su casa, y al preguntarle adónde iba respondió: “Sólo a ver a una de las chicas”, antes de desaparecer tras un recodo del sendero. Aquella tarde Sarah Clayburn dejó de pensar en tan extraño suceso cuando se torció un tobillo. Se despertó por la noche entre dolores y fiebre sin que, por sorpresa, ni la doncella, ni los criados respondieran a sus llamadas. Salió de la cama y recorrió arrastrándose las estancias en busca de ayuda. No había electricidad ni lumbre en las chimeneas y con angustia volvió a su cuarto donde finalmente se quedó dormida. Al despertar a la mañana siguiente todo era normal. Agnes, la doncella, estaba allí, además del médico y los criados. ¡Aún recuerda uno a Tania hace unos meses en todos los canales y siente escalofríos!

 

Sarah Clayburn hizo preguntas acerca de lo sucedido la noche anterior pero no halló respuestas. Agnes afirmaba absolutamente segura de sí que nadie había abandonado la casa y que la electricidad, por supuesto, funcionaba pues ella misma se había encargado de comprobarlo antes de acostarse. Incluso intervino severamente delante del médico advirtiéndole que antes de levantarse sola y en ese estado debía haberla llamado. Sarah decidió olvidarse de aquel episodio atribuyéndolo a los efectos de la fiebre. Pasó el tiempo y una tarde mientras paseaba por los alrededores de Whitegates vio a alguien junto a la verja. Se acercó a preguntar y descubrió que era la misma mujer de aquella vez, casi al mismo tiempo que se daba cuenta de que hacía justo un año de su primer encuentro, la víspera del día de difuntos. La desconocida respondió con la misma frase de entonces: “sólo voy a ver a una de las chicas”, y a Sarah se le heló la sangre. Furiosa, le dijo que se marchara y la desconocida se ocultó tras las cicutas. Cuando intentó seguirla ya no estaba.

 

Uno ha visto esta mañana a Tania (cuando se la intentó seguir de repente tampoco estaba) y ha corrido a casa a recoger sus pertenencias para no volver, como Sarah. Contaba la señora Clayburn que cuando regresó después del segundo encuentro le comunicó a Agnes que se marchaba inmediatamente. La doncella no respondió. No trató de convencerla de que no se marchara, como hubiera sido habitual en ella, y ni siquiera le preguntó a que se debía tan repentina decisión. Incluso le pareció apreciar un brillo secreto en sus ojos mientras le hacía el equipaje. Esta mañana en casa no había nadie, así que uno no ha tenido que comunicarlo. Tania ha vuelto igual que los difuntos la víspera de su día. No sabe si es “una aparición o, algo más probable, y más alarmante, una mujer viva habitada por una bruja” que viene para celebrar otro aquelarre, como si no se tuvieran ya bastantes. Ayer mismo en Telemadrid se celebró el último, con figuras venidas de todos los lugares y bajo todas las formas; desde catedráticos con formas de poeta y de fraile, pasando por un nominal del más oscuro zapaterismo, hasta (y casi lo más espeluznante) un joven ciudadano que bebe coca cola con el cocido. Uno jamás volverá a Whitegates.