Soñar despierto

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Basketville

 

 

Cuántas veces nos hemos acostado y en un segundo estamos caminando en calzoncillos por la calle, o nos metemos en un restaurante caro engalanados con nuestro último modelo de pantuflas o, mejor aún, la profesora nos hace una pregunta a la que no podemos responder: «¿Qué haces en pijama?».

 

   ¡Hacer los sueños realidad! Qué buen propósito de fin de año o de fin de semana.

 

   Youtube un sueño, como el reverendo Luther King. Un sueño en el que era negro y hablaba una lengua extraña (ni en sueños me abandona la dislexia). Así que las pasadas navidades, gracias a un enchufe en la Chunta, pude participar como Baltasar en la Cabalgata de Reyes. ¡Por fin había cumplido un sueño! Qué éxito sentado en mi trono y todos los niños haciéndose fotos con el rey que más cargado va de regalos. Lo único que me preocupaba es que como los niños saben que los reyes son los padres, con tanto beso, alguno me cogiera más cariño de lo normal. Entonces, en medio de toda esa alegría, un rugido creciente, estampida de pasos y el aullido de una madre proclamando una epidemia en la planta baja de El Corte Inglés me despertó a la realidad. Como todos los niños llevaban una mancha negra en la cara, la gente se puso en lo peor. Pero claro, quién iba a imaginar que en los tiempos de la globalización y el crisol de culturas, el falso rey Baltasar iba de betún hasta las orejas.

 

   Por lo menos pude dar buena cuenta de otro de mis sueños y corrí mejor que en «Carros de fuego», vamos a lo top manta.

 

   Otra de mis fantasías de orinal y ‘plasmatoria’ es que estoy en una habitación cuyas paredes van encogiendo poco a poco y trato de parar la trampa con mis brazos extendidos hasta que se quiebran. A este tipo de sueños se les conoce como ‘un sueño húmero’. Aunque no lo he podido cumplir, estoy en ello.

 

   ¿Y cuando sueñas que se te caen los dientes? Los interpretadores de sueños dicen que significa que te llegará una suma de dinero. Acto seguido me fui a echar un Euromillón… No di ni una, casi fallo hasta el número de la fecha. Aunque bien mirado, también podría forrarme las muelas de oro.

 

   Preocupado por los extraños sueños que acudían a mí cada noche fui al psicólogo, sin embargo, de poco sirvió:
-Doctor, tengo un sueño recurrente.
-Cuénteme.
-Pues eso, que me quedo dormido allá por donde voy.
-Sí, pero ¿cuál es el sueño que se repite?
-…
-¿Oiga?
-…

 

   Porrón y cuenta nueva.

 

   Lo que sí he soñado muchas veces es que me encuentro jugando al baloncesto en un parque y tengo que encestar triples mientras un perro me persigue e intenta morderme. Pues bien, hace una par de días vi pasear a mi vecino David con su dálmata enfermo y no me pude resistir, creía incluso que estaba dentro de un sueño porque me parecía que la escena sucedía a cámara lenta: cogí mi balón, finté a David y no me quise conformar con una canasta, así que brinqué como sólo Jordan habría podido saltar y maté sobre su collarín isabelino. Después di media vuelta y mirando a mi vecino David le dije: «¡IN YOUR FACE!»

 

   Lo siento, me vine arriba, brother.

 

   Pero bueno, ahora mejor me ocupo de que este fin de semana tengo una boda y, como tengo el pijama en el tinte, creo que tendré que aparecer en calzoncillos y castellanos. Bueno, me pondré también corbata, que se casan por la Iglesia.

 


Si tuviera un título noveliario sería de suspense o de humor y si pudiera viejar me gustaría llegar a los 90 con buena salud. Mi madre siempre me regañaba por ser un optimista, no por ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino por creer que podía beber directamente de la botella. También desde pequeño empecé a desarrollar el gusto por la música, ya que carezco de oído y tacto para tocar cualquier instrumento. Me confieso disléxico habitual, de los que van al cine a leer y devora los bocadillos de los cómics. Así que, bienavenidos a este viaje en blogo porque la realidad que nos rodea es diferente según el cristal con el que se mira, pero quizá, haciendo la vista gorda, podamos verla sin cristal. Por tanto, lo que nos queda es tomarnos la vida con mucho rumor, que la certeza absoluta nunca la vamos a tener e, iluminados por la lámpara del genio, veamos las coincidencias y las coinfusiones cotidianas. Que ustedes lo pacen bien.