Sucias aguas guineanas

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Para empezar, debo aclarar que no debería hablarse de suciedad cuando se hable de aguas guineanas. De no ser por la dejadez de los que nos mandan, y por la falta de la imposición del civismo, los ríos guineanos bajarían limpios desde donde nacen. Me refiero a los pequeños ríos de los que hemos bebido siempre. En Bioko, en Annobón, y en las tierras de Río Muni conocimos corrientes frescas de agua a las que, tumbados sobre una piedra, hemos acercado la boca para libar el natural oro blanco. Cierto, no es miel, pero es más útil. Hoy la mayoría de los ríos de la niñez de nuestros padres están conectados a los tubos de las inmundicias públicas y privadas. Incluso más privadas que públicas. ¿Pero lo leen?, son los ríos los que están conectados a las inmundicias, no que los tubos conectados a las casas de los habitantes de la Guinea vierten sus cosas feas al mar atlántico a través de los ríos que nos han dado vida. Es a revés, una metáfora para resaltar la realidad. (Luego dirán que los escritores guineanos no valemos nada, etcétera, etcétera).

 

El título de la entrega de hoy hace referencia al famoso refrán español agua que has de beber, déjala correr. De este refrán sale versiones útiles, tan útiles como agua que no has de beber, déjala correr. O sea, que siga corriendo el agua si no te interesa. ¿Para qué estancarla si no te interesa? Eso se puede decir de quienes hablan mal, muy mal, de la belleza de ciertas mujeres. O de quienes se indisponen en público por la fealdad de otras ¿Quién te obliga a estar con ellas, incivil mancebo?

 

Como leerán los que leen Fronterad, muchas gracias, no hay semana en la que no hablo del agua. Ya dije, perdonen la individualización, que si el ser humano pudiera vivir sin agua, yo sería el único que no podría. Gracias a Jehová que el agua no es una droga. A lo que íbamos. Hablamos tanto del agua porque es un elemento imprescindible y porque es muy cara en Guinea. ¿Cómo puede llamarse ciudad alguna aglomeración urbana si no tiene agua potable? Pero lo cierto es que no íbamos a hablar de agua de beber hoy, sino de cómo los que tienen boca en esta república de Guinea Ecuatorial, un decir, quieren que sepamos que no la tienen, y por eso no quieren decir las cosas que acá ocurren, pero las cosas que obligatoriamente necesitan ser dichas. Y es que ya quedó dicho que nadie quiere decir nada aquí, pero lo repetimos porque nunca dejará de ser necesario. Aquí cobran y hacen sus negocios el presidente, el primer ministro, los viceprimeros ministros, los ministros, los hijos, sobrinos, primos y primas de todos los citados y que toman alegremente el biberón estatal. A veces incluso se atragantan enchufados a este biberón y las noticias llegan al jefe, el Jefe. Estos días, por ejemplo, ha llegado a los oídos de los malabeños la noticia de los millones que unos trabajadores de la empresa Guinea Ecuatorial de Telecomunicaciones robaron para su uso particular. Entre ellos está el hijo de un guineano que mientras viva y pueda andar será ministro en Guinea. No es esto de lo que íbamos a hablar. Íbamos a hablar de cosas que claman al cielo, como se suele decir, y aquí no claman porque el cielo de Guinea Ecuatorial está muy lejos. Miren, señores, ¿si estos señores están beneficiándose del hecho de ser guineanos, no es justo que se preocupen un poco por Guinea? Pues no lo hacen. Ministros, miembros del ejército, diputados, policías, jueces, curas y empresarios son los que tienen poder en este país. Y están viendo cómo aquí la gente se comporta como unos salvajes y cuando no toca a alguien de su familia no abren la boca. Para qué cobran. ¿Cómo justifican su sueldo mensual y la protección que exigen para su familia si aquí todo está sin hacer? Lean, para su pasmo, esto que cualquiera que resida en Malabo o en Bata puede vivir como si debería ser la vida normal de los negros. (Claro, creen que estas cosas ocurren porque los negros son así): …Llegado el pleito en la comisaría local de NGOLO, el ladrón fue liberado por los agentes de turno y metieron en los barracones a Lourdes exigiéndola el pago de 70.000 fc. La señora pasó la noche encerrada hasta las 10 horas de la mañana siguiente insistiendo en no pagar la sanción por desconocer el concepto. Finalmente llegaba un familiar de Lourdes quien intervino en el caso y lograr la liberación de la señora. La parte de arriba del texto lo vamos a omitir. Es para hacer uso de la libertad. Pero sé que haciéndolo, no sabrán de la historia la mitad, así que se lo digo. Un señor, no lo es, robó el portátil y quince mil francos de la casa de Lourdes. No hubo dudas de que el ladrón era él. Pero claro, el descaro es norma en estos casos, y lo negó hasta jurar por su padre. Devolvió el teléfono, pero se resistía a devolver todo el dinero y esto generó una trifulca que atrajo la atención de los policías. Este asunto, en Guinea, podía atraer igualmente la atención del agente de cualquier cuerpo armado, pero pregunten por qué. Delante de todo el barrio, y del mundo entero, ahora que todos estamos conectados a todo, los policías dejaron libre al presunto, no lo es, y encerró a la víctima exigiéndole 70.000:15.000= 4,6 periódico puro más que lo sustraído y que generó la disputa. Claro, se olvidó por un momento de que hay muchos intocables que tienen a sus primos en barrios comunes, en barrios donde ellos ya no viven porque chupan del biberón. Pero sí que se les puede llamar para que, ejerciendo de jefes pequeños, lacayos del rey, practiquen el tráfico de influencias, aunque esta vez restituyendo la Justicia.

 

Dijimos que esto se puede vivir, no leer como lo he hecho, en cualquier ciudad sin agua de la Guinea actual y nadie dice nada. De hecho, el que relataba estos hechos no lo hacía con ninguna intención crítica, incluso las tituló Cosas de Barrio, noticias que ocuparon la penúltima página de la Gaceta de Guinea. En el mismo número daban cuenta del juramento del rey de este lugar. También daban cuenta de varios quehaceres de otra gente poderosa, ministros incluidos. Bien. Si fuera periodista, no trataría en un mismo número un caso tan flagrante de impunidad y dejadismo y la investidura de ningún rey, sobre todo si el soberano en cuestión jura en falso para su tercera o cuarta legislatura. Y es que un escándalo tiene que seguir siéndolo para que alertar a los espíritus sensibles. Que un caso grave de corrupción ocupe la última página de un periódico guineano, donde no hay muchos, es muy mala señal. Claro, para los lectores y los doctores guineanos el caso es una banalidad porque el ladrón no tiene ni nombre ni puesto conocidos y la señora Lourdes no ocupa ningún sillón importante en la villa que le vio nacer. Además, es un hecho que forma parte de la cotidianidad guineana. Si solo por este hecho debería no ser destacado, ¿tendremos mejor argumento para exigir cuentas cuando oigamos que el presupuesto guineano está íntegramente ingresado en un Banco de Nassau?

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.