Tamboriles africanos

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Estoy dispuesto a admitir que no es justo rechazar una novedad sólo por falta de costumbre; pero tampoco que la aceptemos sólo por serlo. Habría, pues, que leer estas novelas, observar lo que hacen y dicen los personajes, entrar en nuevos mapas, respirar nuevos ambientes, catar otra gastronomía, percibir otros olores y otros sonidos, cosas todas ellas en principio interesantes, pero no tan fáciles de hacer para quien anda

gozosamente perdido en los misteriosos ecos de algún oscuro callejón de Marsella, o de París, o de Madrid.

 

Ya dijimos que donde hay crimen (o sea, en todo lugar, época y ocasión en que ha habido seres humanos) puede haber novela negra. Por tanto, que la novela negra deba buscar nuevos ambientes parece razonable; ahora bien, que los lectores de novela negra que no somos nuevos vayamos a asumir estas novedades fácilmente, no lo veo tan claro.

 

Digo esto a propósito de un artículo publicado en El País sobre opiniones de editores y escritores que se han reunido en el  Quais du Polar de Lyon. En el artículo  se propone a la africana como la nueva novela negra, escrita por autores “comprometidos” en cuyos relatos se reflejan realidades como la muerte “día sí y día también” de prostitutas (recurso que no es, dicho sea de paso, el non plus ultra de la originalidad en este tipo de historias).

 

Empero, consciente acaso el autor del artículo de que esto de la “nueva novela negra africana” no era comenzar con buen pie su artículo-propuesta, decidió hacer el titular más llamativo (o interesante), anunciado en su título-cebo, con fúnebres y trágicas notas, la muerte (por asesinato) de la novela negra escandinava. 

 

C´est à dire: que interesa más la muerte de ésta que el nacimiento de aquélla.

 

Estoy dispuesto a admitir que no es justo rechazar una novedad sólo por falta de costumbre; pero tampoco que la aceptemos sólo por serlo. Habría, pues, que leer estas novelas, observar lo que hacen y dicen los personajes, entrar en nuevos mapas, respirar nuevos ambientes, catar otra gastronomía, percibir otros olores y otros sonidos, cosas todas ellas en principio interesantes, pero no tan fáciles de hacer para quien anda gozosamente perdido en los misteriosos ecos de algún oscuro callejón de Marsella, o de París, o de Madrid.

 

Y bien pensado… ¿Por qué no?

 ÓSCAR URRA RÍOS. Doctor en Filología y profesor. Ha publicado los manuales Cómo escribir una novela negra (Fragua, 2013), y Literatura Universal (McGraw Hill, 2009), así como diversos artículos y reseñas sobre temas literarios. Como autor de ficción, durante la última década ha sacado a la luz tres novelas negras (A timba abierta, Impar y Rojo -las dos traducidas al alemán por Unionsverlag- y Bacarrá), y otra un tanto oscura (Yo, zombi), todas en la editorial Salto de Página, así como algunos cuentos de género negro. Vive en el centro de Madrid, que es decir el centro del Universo.