¿Tauromaquia y cohesión?

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A la izquierda, cartel del 2º Congreso Internacional de Tauromaquia, celebrado en Murcia en 2018. A la derecha, el torero Juan José Padilla

Felipe VI se cubrió de gloria el jueves pasado cuando dijo en Sevilla que la tauromaquia cohesiona la sociedad. ¿Le escribiría el discurso algún ex-negro del rey emérito? La noche del domingo, tres días después, en una gala del programa de la televisión pública Operación Triunfo, la cantante Estrella Morente —casada con el torero Javier Conde— metió con calzador y sin avisar una estrofa a favor de las corridas de toros en su interpretación en directo del tango Volver. Al parecer, era una respuesta a las recientes declaraciones antitaurinas de una de las concursantes. Hoy se ha liado parda en redes sociales y el asunto se ha convertido en trending topic en Twitter. El productor del programa, Tinet Rubira, ha tenido que asegurar que “no estaba ni pactado ni previsto, que la cantante no lo había hecho en ningún ensayo y que ha sido una sorpresa para todos”. Vaya con la cohesión.

Si la tauromaquia cohesiona algo es precisamente el abismo entre la enclenque y altiva minoría que todavía la apoya y la mayoría creciente de quienes la repudiamos. Sus defensores suelen utilizar básicamente dos argumentos. El primero, el más terrible pero también el más honesto, el argumento del porquesí: nos gustan los toros y punto, nos ponen, quien no quiera que no vaya, respeten nuestra afición y nuestra libertad. Lo hacía suyo Fernando Savater el verano pasado en El País, en un artículo —impropio de un filósofo— que rezumaba cabreo, soberbia y, sobre todo, impotencia. El segundo argumento, fariseo donde los haya, se basa en el blanqueo institucional y cultural: buscar coartadas intelectuales, artísticas, antropológicas, sociales, medioambientales y hasta genéticas para justificar una aberración moral. En este empeño está metido hasta las cejas ese lobby llamado Fundación Toro de Lidia, en un intento de lo que ellos llaman reconectar con la sociedad. Su presidente, el ganadero Victorino Martín, se esfuerza en sus charlas —con más empeño que éxito—  en introducir citas y reflexiones culturetas. Verle meterse —y perderse— en berenjenales retóricos que le quedan grandes es una verdadera satisfacción para todos los que, ni en nuestros mejores sueños, hubiéramos pensado que la extinción de esta barbaridad anacrónica y cruel iba a acelerarse como lo está haciendo.

El mundo taurino sabe que vincular la cultura con la tauromaquia es la única estrategia posible para retrasar algo su agónica muerte por inanición. Y se aplica a ello con premura. Las palabras del rey a la que antes nos referíamos se produjeron en el acto de entrega de los Premios Universitarios y Taurinos de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Juntar en el mismo acto a los mejores expedientes académicos de la Universidad de Sevilla con los triunfadores de la pasada temporada taurina es una muestra de esa estrategia desesperada y cogida con alfileres. La prueba es que la propia Universidad de Sevilla, que tiene publicado el vídeo del evento en su canal de YouTube, lo acompaña con una nota de prensa en la que no se menciona la parte taurina de los premios. Al mismo tiempo, otros medios se centraban solo en lo taurino y obviaban lo académico. Pues eso, la cohesión.

Los intentos de vincular universidad y tauromaquia siempre han tenido un punto contra natura que con frecuencia acaba en bochorno. Recordarán aquella noticia de 2014 en la que se decía que El Juli había decidido ser profesor universitario y que ya se lo rifaban varios centros de prestigio. Todo quedó en una charlotada intelectual que dio para un par de titulares en la prensa afín. De ello no se volvió a saber nada, como era lógico. Ni de esa ni de otras aventuras similares, destinadas al fracaso antes de nacer.

Lo peor de todo este blanqueamiento —que ya viene de lejos— es que ha logrado convencer a algunos, no sólo del prestigio intelectual de la tauromaquia, sino además de que ha sido una de las señas de identidad de la alta cultura española. Realmente ocurrió todo lo contrario. Las corridas de toros siempre fueron cosa de la chusma embrutecida y llevaron de cabeza a muchísimas personalidades claves del desarrollo y la historia de España, que no sabían cómo alejar al pueblo de tan sangrienta diversión. De esto y mucho más habla una espléndida tesis doctoral defendida en mayo de 2018 por Juan Ignacio Codina titulada “El pensamiento antitaurino en España”. El texto, fundamentado, riguroso y exhaustivo, fue condensado posteriormente en un libro publicado por la editorial Plaza y Valdés con el título de “Pan y toros. Breve historia del pensamiento antitaurino español”. Aunque ya sepan de sobra que eso del prestigio intelectual de los toros es un montaje torticero para dotar de coartada cultural a un instinto bárbaro y malsano, les aseguro que saldrán sorprendidos por la información y los descubrimientos de este ameno libro.

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