Te pintaría dos coloretes

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Entre titulares y ladillos, a ratos miro por la ventana hacia la plaza de Platerías. Hace tres semanas trasladamos la delegación de ABC desde un escondido primer piso en el sur de Compostela hasta el corazón de Galicia, en una casa del siglo XVIII que un día lo fue de canónigos.


Entre titulares y ladillos, a ratos miro por la ventana hacia la plaza de Platerías. Hace tres semanas trasladamos la delegación de ABC desde un escondido primer piso en el sur de Compostela hasta el corazón de Galicia, en una casa del siglo XVIII que un día lo fue de canónigos. Algunas tardes, en las escaleras donde una vez hubo batallas, se arremolinan niños o parejas de novios para disfrutar de espectáculos teatrales sin tramoya ni camerinos. No deben de ser más de veinte minutos y el sombrero termina boca arriba con pingües recaudaciones, a no ser que cuantos se acercan finjan que contribuyen. Cuando cae algún billete, incluso se pregona. Dan ganas de apagar el ordenador y de bajarse. De decirle a Don Gelati y los suyos que se suban. De apretar la tecla de suprimir sin opción al Ctrl+z y darle una vuelta a los contenidos de la edición de mañana. De sacar a Feijóo y los suyos de la apertura y relatar que en la capital santiaguesa, un pequeño circo callejero se gana la vida sacando sonrisas y pintando coloretes.