Televisión estatal, educación y cultura. Una propuesta para tiempos de coronavirus

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“Estimado Sr/Sra: me dirijo a usted porque viendo las dificultades que puede haber durante el próximo año académico (2020-2021) para que los niños y jóvenes españoles puedan acceder a una educación exclusivamente presencial, tanto RTVE como las cadenas de televisión autonómicas, deberían ponerse a disposición de la comunidad educativa para organizar programas que pudieran servir a reforzar los programas educativos oficiales presenciales”. Así empieza una carta que pienso enviar a varias instituciones del estado central y de las diferentes autonomías.

Puesto que muchos alumnos y alumnas es posible que no tengan en su casa acceso a internet y que tampoco tengan ordenadores, lo que sí estoy seguro es que en todos los hogares de España hay televisiones y aparatos de radio. Por lo tanto, creo que es un deber tanto de RTVE como de las cadenas de televisión autonómicas (ambas pagadas por todos los contribuyentes), de ponerse a disposición de la comunidad educativa para crear una programación de materias esenciales para el desarrollo de la educación a distancia en nuestro país.

Cuando empecé a indagar sobre las relaciones entre televisión y educación, muchas personas me enviaron todo tipo de comentarios y de sugerencias que han sido muy valiosas para redactar este documento final, pero abierto a cualquier otra aportación que pueda ser útil para un proyecto de una envergadura que supera mis conocimientos individuales sobre dicha materia. Es pues, el resultado colectivo, de grupo, el que queda reflejado en este documento que, como digo, es parcial y está abierto a ser enriquecido con cualquier aportación nueva y que en ningún caso tiene un carácter crítico ni polémico.

Antes de entrar a glosar las diferentes sugerencias que he recibido, quisiera aclarar que soy consciente del potencial educativo que posee internet, el cual es muy superior al de la televisión. Esto no impide que nos parezca relevante el no desdeñar un uso general más educativo y cultural tanto de la televisión nacional como de las televisiones autonómicas del ámbito nacional, ya sea en la lengua oficial, el español o castellano, como de las diferentes lenguas de nuestro país.

Lo que se ha podido constatar a través de los cuarenta años de nuestra democracia es que con frecuencia, tanto la televisión nacional como las autonómicas, han sido manipuladas por los diferentes grupos políticos en el poder para fomentar sus intereses partidistas no solo como propaganda solapada de sus proyectos electorales, sino también compitiendo con las televisiones privadas de una forma desleal: las primeras contaban con presupuestos astronómicos del estado y las segundas eran rehenes de la publicidad. Así ha sido que los contenidos de la televisión pública con frecuencia se parecen a los de las televisiones privadas y el nivel cultural ha sido poco a poco sacrificado para atrapar a un público que cada vez demandaba más basura mediática; todo esto basado en la carrera por ganarse una audiencia mayor; el famoso rating que refleja la cantidad de televidentes de un programa.

Tanto la televisión nacional como las locales se convirtieron así en “captadoras” de votos para el Poder de turno. Si bien la televisión es sin duda un legítimo medio de entretenimiento, eso no impide que un buen porcentaje de la televisión pública debería estar dedicado a contenidos culturales para todas las edades; y en las circunstancias particulares que estamos viviendo debido a la pandemia provocada por la COVID-19, también se debería tener en cuenta el potencial del uso didáctico de la televisión.

Comprendemos que las nuevas generaciones se sienten mucho más cómodas en el ámbito digital de internet, pero eso no impide que con unas programaciones culturales optimizadas la televisión no pueda ser también una herramienta útil adaptándola a los nuevos tiempos y enfocando su programación hacia los diferentes grupos sociales, edades y sensibilidades; incluyendo las personas sordas cuyos subtítulos en la televisión son a veces más eficientes que el de asistir a una clase presencial de un profesor o profesora con una mascarilla.

Uno de los defectos principales que alejaría a los más jóvenes de la televisión sería que no tiene el poder interactivo de internet. Esto con ser una obviedad indiscutible, no impide que a veces a través de la televisión se pueda vehiculizar contenidos culturales de una forma amena y hasta divertida los cuales luego pueden luego fomentar el interés cultural entre algunos niños, adolescentes y jóvenes.

La clase trabajadora con menos recursos está necesitada de elevar su nivel cultural para poder salir del embrutecimiento que significa la telebasura. La educación presencial puede y debe ser el motor principal para inculcar entre las nuevas generaciones el interés por la cultura, no obstante, y en situaciones como las que estamos viviendo, la educación a distancia (por internet) y a través de la televisión, debe optimizarse, no para reemplazar a la educación presencial sino para que sea una herramienta disponible para todos los ciudadanos y ciudadanas de este país. Internet no está disponible en toda la geografía española pero sí lo está el acceso a la televisión y la radio.

Volviendo al tema de la cultura en general, es cierto que TVE tiene una cadena, la 2, que suele ser “más cultural”. Con frecuencia algunos de los programas anteriores de la 2 estaban dirigidos a una élite que parecía no tener en cuenta las masas urbanas y rurales. Esto, con ser verdad, es un lujo que se debe permitir una televisión pública. El hecho de que algunos programas tengan una audiencia reducida no debe ser un impedimento para que se realicen; de cualquier modo somos los ciudadanos los que pagamos TVE y no la publicidad privada, por lo tanto, el factor de una audiencia minoritaria no debe influir en su programación.

Algunos comentarios y sugerencias    

Un padre de familia y agente de varios artistas me escribe lo siguiente: “La verdad es que me parece una idea fantástica, y como he tenido experiencia en televisión, mi recomendación es que esas ideas, en el caso de que se llevaran a cabo, deberían pasar por el filtro de guionistas y realizadores para que tuvieran un aspecto atractivo como imágenes. Más que clases online como si un profesor se grabara, en mi opinión deberían combinar una parte teórica y otra lúdica, para que no sean simplemente escuchar a alguien diciendo cosas, en YouTube hay ya muchas cosas así.

En ese sentido, creo que podría ser interesante ampliar a las redes sociales o webs el contenido televisivo para generar una sensación de interconexión, de intercambio. Hablo de la parte destinada a gente de instituto que tiene edad para usar redes.

Creo que sería bonito que las personas que hablaran fueran de la misma edad a la que van dirigidas las actividades. Que vincularan los temas a cosas que tienen que ver con las inquietudes propias de las edades a las que van dirigidas. Y que, si fuera una clase de literatura, pudieran escuchar a alguien vinculado a la literatura, o si se habla de arte, a alguien vinculado al arte, sobre todo para que vieran que hay mucha diversidad y muchas posiciones, ideas u opiniones, y que aprender no es solo escuchar un discurso único sin participar o discrepar.

También considero que habría que medir mucho los tiempos de cada espacio, y que las asignaturas o temas que se tratasen, aunque fueran diferentes, mostraran conexiones narrativas. De esta forma se obliga a estar atento al hilo de la narración, y permite tocar diferentes temas o asignaturas, a la vez que da a entender que no tenemos que contemplar el mundo como si fuéramos de ciencias o de letras, de manera excluyente.

Luego hay alternativas, como las series juveniles, en Cataluña había una que se llamaba Merlí, que aunque no pueden sustituir las clases sí que me consta que ha hecho que personas de diferentes edades se acerquen a la filosofía”.

El 21 de marzo del 2020 el Ministerio de Educación y FP y RTVE lanzó Aprendemos en casa para facilitar el aprendizaje de todo el alumnado durante la suspensión de clases presenciales. Una madre, y profesora de escuela primaria, me escribe lo siguiente sobre algunos programas que se pudieron ver durante el periodo de confinamiento en TVE: “Casi todos los vídeos eran de grupos editoriales (Sm, Oxford, Anaya, etcétera) algunos contenidos muy superiores a la edad de los niños y sin atención a diversidad… Podían ser perfectamente prácticos para alumnos de 1 de la ESO con lo cual están en unos niveles muy superiores al currículo real. También había intervenciones de profesores, cada semana el mismo profesor en su materia. En eso también había de todo; desde los profesores de matemáticas que eran insufribles y utilizaban una pizarra y metodología tradicional a profesores de ciencias muy innovadores. Nos gustaba ver sobre todo los vídeos de inglés, ciencias y sociales. Mi hijo es muy pequeño, pero algo se le iba quedando. En Andalucía, que es donde vivo, Canal Sur hizo una apuesta similar, pero no la hemos visto. Sé de su existencia porque el consejero Imbroda minimizó nuestro trabajo y agradeció estos contenidos para las familias”.

Pasando ya al ámbito comunitario, específicamente la Televisión de Castilla La Mancha, describe así uno de sus programas culturales, Destino ciudadanía: “La sociedad actual se enfrenta a nuevos desafíos y, por ello, necesita nuevas herramientas para tratar de resolverlos, no solo socialmente sino de manera individual.

Destino ciudadanía aborda temas tan de actualidad como el acoso escolar, la aparición de nuevos modelos de familia, los nuevos escenarios que las redes sociales están creando o la necesidad de mermar las desigualdades que la sociedad de consumo está generando. Esta serie da voz a muchas voces y da nuevas claves a la hora de educar en valores de respeto, igualdad y cooperación”.

Bien, y qué pasa con la relación entre televisión y educación a distancia; no parece haber ningún plan específico para una situación de confinamiento. Me puse, pues, en contacto con CMMEDIA.ES, que es la compañía que al parecer gestiona la televisión autonómica. Esta compañía me respondió que tenían organizado específicamente un paquete educativo: CONOCIMIENTO en CMMPlay, la plataforma digital de Castilla-La Mancha (cmmedia.es / https://www.cmmplay.es/conocimiento”, Objetivo Cultura. Así describen sus objetivos culturales: “Castilla-La Mancha, en pleno corazón de la Península Ibérica, ha sido testigo privilegiado de la historia de España. Te invitamos a recorrer con nosotros la cultura y la historia de esta tierra a través de OBJETIVO CULTURA. Retrocederemos al Reino Visigodo de Toledo, visitaremos los parques arqueológicos más singulares, investigaremos la huella judía en la región [la huella musulmana y morisca brilla por su ausencia], hablaremos del arte moderno y contemporáneo en varios museos, y os contaremos las singularidades de nuestros institutos históricos. El OBJETIVO siempre será la CULTURA”.

Además, tienen los siguientes programas, todos al alcance de cualquier persona a través de internet ya que los programas son en realidad una serie de vídeos que se encuentran en YouTube: Yo aprendo, tú aprendes, Los investigadores, Yo estudio aquí, Cultubers, Ciencia a la carta, Edúcate en casa, Sin trampa ni cartón, Economía para todos y Aventura con Romanos. También hay un enlace con Clip Club TV, que es un programa de UNICEF España y Alcántara Family Foundation junto a los deportistas Thiago y Rafinha Alcántara, hecho por y para los niños, niñas y adolescentes. (https://www.youtube.com/channel/UCerRD02gpw-eInrzkWQBptw)

Esta es la descripción de dicho enlace: “UNICEF y Alcantara Family Foundation presentamos Clip Club TV, un programa diario protagonizado por ti. Queremos que nos cuentes qué estás haciendo estos días para dar ideas a miles de chicos y chicas como tú. A lo mejor quieres cocinar un pastel o hacer una manualidad; quizá estés pensando en disfrazarte o en aprender algún truco de magia… ¡Grábate con el móvil o la tableta y explícanos cómo lo haces!”.

Por lo demás, la televisión autonómica ofrecía solo programas casi siempre orientados a captar a personas mayores: “cine, deportes, documentales, entretenimiento, especiales, informativos, musical y series”. ¡Muchos toros, muchas películas norteamericanas antiguas, westerns, etcétera. ¿Y la educación, y la cultura totalmente ausente de la parrilla de la programación?

A pesar de que durante un mes he esperado comentarios sobre este tema en mi muro de Facebook, Televisión y educación, han sido muy  escasas las personas que fuera de un “me gusta” me han enviado alguna idea reseñable. En definitiva, que quizás la indiferencia de los españoles frente al buen funcionamiento de entidades públicas como un servicio para los ciudadanos y ciudadanas no parece preocupar demasiado. Pan y circo, pues, y que la cultura y la educación sigan siendo un tema menor tanto en TVE y las televisiones autonómicas.

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[1] Agradezco los comentarios que me han enviado o que me han hecho “presencialmente” algunas personas para poder elaborar esta nota: Víctor Ballesteros, María Jesús López Navarro, Lucía Sánchez y Carlos Gonzáles Tardón.

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